Sáb 17 Ago 2013 15:35

UN TRIBUTO A LA MADRE PROLETARIA

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madre madre

Por: TOMAS HERNANDEZ CABADA

La burguesia goza mutuamente corneandose...

Carlos MArax

                           

Impugno el grito generalizado de que hay una sola madre en el mundo, también impugno  a ese miserable Derecho santificador del anacrónico orden de cosas, quien al medir y ejecutar la teoría de su Derecho, discrimina sus leyes de acuerdo al status social, ejercicio que de por sí solo, abona a la vigencia de la lucha de clases, es el viejo derecho que en las aulas académicas se enseña ser la cuna de la justicia, cuando en realidad no deja de ser un mero ardid de la ley del mercado, en la ley del  mercado no hay más puja que el ánimo lucrativo.

Entender la desigualdad de una madre proletaria respecto de una madre burgo-parasitaria, no es cuestión de erudición, es cuestión de posición de clase. Entender que una madre proletaria no tiene tiempo ni economía para descansar lo que humanamente debe ser, menos de estar físicamente bella las 24 horas del día, es solo cuestión de ver los hechos palpables de la vida cotidiana. El hecho de que la madres burgo-parasitarias dediquen una cuantas horas a las obras de filantropía caritativa, no la salva de su condición de ser madres que se encuentran en el lado adverso a de las madres del pueblo, esto es, en la orilla reaccionaria de la historia mundial de la lucha de clases.

Constituye una afrenta a la razón concreta, tratar de igualar a la madre que dobla su espinazo diariamente, madruga para llegar temprano a su trabajo, no pierde ni domingos y feriados, con tal de ganar unas monedas adicionales,  en última instancia, hasta se prostituye con el fin de llevar el sustento a su hogar, sus hijos, seres queridos, respecto a la madre que, cornea ex-profesamente por dar rienda suelta a sus placeres de sesgo babilónico-romano en sus tiempos de decadencia. No estoy haciendo apología a la santidad bíblica en el reino de la tierra, pues me niego a creer en ello, sencillamente esbozo mi esclarecimiento ante la deshonra de confundir al pueblo, lo que es peor, con fines políticamente reaccionarios. Los hechos nos ilustran cotidianamente, por ejemplo, el dolor de aquella madre que perdió a su hijo asalariado, cuando iba a trabajar en una bicicleta y es atropellado por un auto cuyo conductor, un pequeño-burgués, cuya sustancia etílica en su  sangre es olímpicamente soslayada por la bendición que otorga el poder de la burocracia y el dinero, es un dolor diferente y diametralmente opuesta al dolor de  la madre del pequeño-burgués asesino, eso es, si es  que tuviera dolor, pues si hubiera DOLOR, justo dolor, no amañaría los artículos, incisos y cuñas propias de ese mastodonte pesado que reposa en el lomo de las masas, mal denominado tribunal de justicia.

El llorar por que su alma, esa alma vacía, sin mito, hastiada de su estéril vivir, que pese a los recursos químicos que proporciona la ciencia y tecnología, no han satisfecho su sed de su soledad sibaríticamente mundana, no es lo mismo al llanto de una madre que pugna ante las oficinas burocráticas exigiendo la vida de su hijo asesinado por las turbas de lumpenes desclasados o esbirros al servicio del capital.

           La MADRE MADRE no duerme excedentes, vive en perenne vigilia, buscando respuestas de futuro brillante para su hogar de obrera infatigable.

           La madrecita de pieles caras, anillos y autos  fastuosos, no siente el paso del tiempo pues es un cadáver  itinerante, ni la química lo libera de esa verdad, tan dura como muchas veces cruel y amarga.

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