Mar 03 Nov 2015 15:57

ARGENTINA DE CARA A DEFINIR EN EL BALOTAJE. POSICIONES POLITICAS

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SCIOLI O MACRI

EN LA PRESENTE REALIZAMOS UNA RECOPILACION RELAMPAGO DE ALGUNA DE LAS POSICIONES DE ORGANIZACIONES, MOVIMIENTOS Y PERSONALIDADES DE IZQUIERDA QUE TOMAN POSICION SOBRE EL BALOTAJE Y SOBRE EL PROCESO POLITICO  EN ESTA DECISION ELECTORAL Y SUS PROPUESTAS O ANALISIS. CABE MENSIONAR QUE ESTOS DIAS SON DE INTENSO DEBATE Y REFLEXION DEL DESTINO ECONOMICO Y POLITICO DE LA ARGENTINA. UNA CUESTIONS QUE EL DEBATE SE SIENTE EN LAS CALLES EN LOS COMENTARIOS DE LOS HOMBRES DE A PIE, ESTA REFLEXION SE REFRENDARA CUANDO LA REALIDAD DESPUES DE DICIEMBRE CUANDO ASUMA EL NUEVO GOBIERNO TENDRA QUE APLICAR MEDIDAS ECONOMICAS Y POLITICAS PARA SOLUCIONAR CUESTIONES ECONOMICAS QUE ESTAN PENDIENTES Y DISEÑAR COMO NAVEGAR EN MEDIO DE LA CRISIS GLOBAL QUE CRECE Y SE ACUMULA.. 

POSICION DE EL DR. EDUARDO SOARES

DE LA GREMIAL DE ABOGADOS. DEFENSOR DE PRESOS POLITICOS NACIONAL E INTERNACIONALMENTE.

El "Negro" Soares, abogado de DD.HH, gran conocedor desde dentro mismo del Peronismo, da su opinión, sobre la opción "Scioli o la Derecha"...Y eso que el Negro ni siquiera menciona la entrega en bandeja de recursos naturales y/o territorio, que la "década ganada" hizo a las Corporaciones, enfermando y envenenando presente y futuro...
…"Los que hemos peleado con la derecha peronista, desde el peronismo, sabemos qué es la derecha peronist a; Macri es la derecha liberal, pero Scioli, Anibal Fernández, Insfran y todos estos gobernadores, son la derecha peronista; a la derecha liberal en los últimos años no la hemos visto gobernar, excepto en la Ciudad de Bs.As., pero a la derecha peronista sí la hemos visto gobernar antes del golpe y después del golpe, es decir que si de algo sabemos es de la derecha peronista.

Este gobierno es el gobierno que más ha reprimido en términos de muertos y de presos políticos desde el advenimiento de la democracia hasta ahora, desde el 83 hasta hoy, es el gobierno que mas muertos tiene en acciones políticas, en movilizaciones, reclamos alrededor de 25, es el gobierno que mas cantidad de desaparecidos tiene, es el único gobierno –desde el 83- condenado por la Corte Interamericana de DD.HH por el delito de desaparición forzada de personas, por el caso de Iván Torres y estamos hablando de participación institucional en las desapariciones, del accionar del aparato represivo…

…entonces esta cosa de que nos empujan muchos compañeros de que “viene la derecha”, viene “el lobo” si no votamos a Scioli…hay que recordar que incluso en la capital (excepto en el Borda) las grandes represiones en capital o en el resto del país, la han producido la policía federal o la gendarmería, es decir fuerzas nacionales o fuerzas de las policías provinciales kirchneristas…entonces nos están asustando, prácticamente obligando a votar a Scioli porque si no viene el lobo, viene la derecha, viene el fascismo y la verdad que nosotros hemos visto actitudes de lobos, de derecha y de fascismo en los supuestos progres argentinos en los últimos doce años, eso es lo que hemos visto"…

Leña al Fuego 31-10-15:
http://www.ivoox.com/lena-al-fuego-31-10-2015-audios-mp3_rf_9229887_1.html

POSICION DE GUILLERMO CAVIASCA

ENCUENTRO ANTIIMPERIALISTA

Frente al Balotaje
No hay lugar a duda: el 22 votamos contra Macri

Nuestro país se encuentra ante una coyuntura que implicará cambios importantes. Ésta no es una elección más. El 22 de noviembre se definirá si la derecha más rancia accede al gobierno nacional por medios electorales. Algo inédito. Por primera vez un partido de derecha, con una base de masas y con un programa de derecha, sin ocultamientos ni engaños, tiene amplias posibilidades de llegar a la presidencia. Esta derecha arrastró además a otras expresiones de signo similar, inclusive a corrientes de opinión de centro, cerrando detrás de Mauricio Macri y superando la dispersión que caracterizó a la oposición sistémica en los últimos años. 
Desde nuestra perspectiva, el kirchnerismo expresó una etapa progresista del neoliberalismo. Qué significa esto: que hubo cambios en los planos cultural, político y económico, pero que éstos no alcanzaron o no quisieron romper con las estructuras de la dependencia; sólo colocaron al límite de sus posibilidades al sistema en muchos aspectos. Eso fue el “modelo K”.
Lo que se pone en debate en la próxima elección no son entonces dos proyectos antagónicos de país, ni una ruptura con las estructuras hegemónicas neoliberales, sino los aspectos progresistas o nacionales del modelo. 
Macri expresa el inicio de una fase reaccionaria que profundizará al extremo las continuidades con la década del 90, y eliminará los cambios y las limitaciones al capital; las políticas de autonomía respecto del imperialismo norteamericano y las conquistas democráticas logradas en estos 10 años (ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, ley de Matrimonio Igualitario, paritarias libres, juicios por la memoria, políticas culturales incluyentes y progresistas, asignación universal por hijo, etc.).
Macri significa a nivel regional alinearse con el eje del Pacífico, abandonando las políticas de integración latinoamericana. Significa llevar a nuestro país al lugar de furgón de cola de las políticas reaccionarias en el mundo, junto a los EEUU, Inglaterra e Israel. Significa abandonar hasta en la retórica la causa de Malvinas.
Quienes suscribimos esta posición no acompañamos al kirchnerismo; luchamos contra la matriz extractivista y salimos a la calle junto con el sindicalismo combativo; aunque no dejamos de reconocer cuando hubo políticas que implicaron avances para el pueblo en su conjunto. Las limitaciones que se puedan aducir contra estas políticas no inhabilitan el hecho de que significaron pasos positivos, y que sobre éstos es que peleamos por llevarlos a fondo.
Creemos que nuestra patria necesita un cambio de estructuras que nos coloque en la senda de la liberación nacional, y que promueva la existencia de una organización de la clase trabajadora capaz de garantizarla. El kirchnerismo no fue esto, y menos lo será Daniel Scioli, cuya candidatura señala un giro conservador y su eventual presidencia estará condicionada por derecha.
Pero de ninguna manera podemos simplificar la realidad argumentando que ambos candidatos expresan y contienen las mismas ideas, políticas y escenarios. No es lo mismo para el país y para el pueblo que las conquistas alcanzadas se mantengan que la certeza de su retroceso. No podemos ser ajenos a lo que será un cambio reaccionario, que nos alejará aún más de los objetivos de liberación nacional y social, que nos hará más dependientes e injustos como sociedad y que contará con un consenso importante para hacerlo.
El futuro augura mucha lucha para defender lo conquistado por el movimiento popular, y en esta trinchera nos encontraremos. Votamos a Scioli convencidos, no porque suscribamos su programa, no porque tengamos confianza. Votamos a Scioli por autodefensa.
Porque creemos que las condiciones de su gobierno serán más propicias que las de un gobierno macrista para la lucha y la organización popular. Porque queremos a nuestro país y no queremos ver sufrir más profundamente a nuestro pueblo. 
Llamamos a todos los compañeros y compañeras a acompañar esta posición: el 22 de noviembre, contra Macri.
Por eso votamos a Scioli.

ENCUENTRO ANTIIMPERIALISTA

 

POSICION DE NATANSON DE LE MONDE DIPLOMATIC ARGENTINA

Globología

Por José Natanson

 

Comencemos por el contexto. En un marco de crisis financiera global y superado el momento más brillante del boom de los commodities, América Latina enfrenta un cuadro económico de bajo crecimiento, retorno de la restricción externa y tensiones cambiarias. Según datos de la CEPAL, el PIB regional crecerá apenas 0,5 por ciento en 2015. Este cambio de escenario económico llevó a un estancamiento o deterioro de los indicadores sociales que hacen pensar que la región tocó su “pico distributivo”, lo que a su vez se refleja en resultados electorales más ajustados para los gobiernos de izquierda, tal como demostraron los casos de Nicolás Maduro (menos de dos puntos de diferencia con la oposición) y Dilma Rousseff (menos de tres).

Esta baja en la performance electoral tiene como contracara el ascenso de una nueva derecha, que es nueva en tres sentidos básicos. Es nueva porque es democrática, porque ya no apuesta al partido militar como vía de acceso al poder y, exceptuando a sus sectores más recalcitrantes, se mueve dentro de las reglas de juego electorales, disputa elecciones y cuando las pierde acepta lealmente su derrota; es nueva porque es pos-neoliberal, porque al menos públicamente no reivindica las políticas de apertura, privatización y desregulación típicas de los 90, y es nueva porque es lo suficientemente astuta como para mostrar una “cara social”: en línea con el “conservadurismo compasivo” norteamericano, promete cambios macroeconómicos y reformas fiscales pero manteniendo los sistemas de protección desplegados en la última década. 

Esta derecha caprilizada, de la cual el PRO de Mauricio Macri es un ejemplo paradigmático, es la que está arriesgando la continuidad de los gobiernos de izquierda. Por eso es necesario bucear más profundo, más allá de la superficie indignada de las referencias a la súbita “derechización” de los electorados y el supuesto reaccionarismo inherente a las clases medias, para entender los motivos que dan cuenta de su crecimiento. Y como toda alternativa democrática se afirma siempre en un suelo conceptual, la nueva derecha tiene como filosofía política una ética protestante de progreso por vía del esfuerzo individual de las personas o las familias: el ascenso como fruto del sudor o el ingenio es desde siempre un valor importante para la derecha, que no sólo no reniega del individualismo sino que incluso lo considera un motor clave para el avance de la sociedad, que debe limitarse a ofrecer igualdad de oportunidades a los ciudadanos para que luego cada uno llegue hasta donde quiera o hasta donde pueda. Por eso sus apelaciones recurren a menudo a la segunda persona del singular, como hace María Eugenia Vidal en sus discursos: “Te hablo a vos, que querés estar mejor…”.

Esta concepción explica, según la famosa tesis de Norberto Bobbio, que la derecha acepte las diferencias sociales, es decir la desigualdad, como parte inevitable de cualquier orden social en el que sus integrantes ejerzan plenamente su libertad. Sin sumergirnos en debates más profundos acerca de las consecuencias de esta perspectiva teórica, digamos que tiene como consecuencia concreta una cierta visión acerca del rol del Estado, el lugar de la sociedad y el alcance de la política: frente a una izquierda que tradicionalmente ha buscado a sus líderes en los movimientos colectivos (sindicatos, partidos, asambleas), la nueva derecha los encuentra en las hazañas individuales del deporte, los negocios y el espectáculo, que permiten medir el esfuerzo individual contando triunfos deportivos, millones de dólares o puntos de rating.

No sólo el macrismo recluta a sus candidatos de este semillero noventoso; el mismo Daniel Scioli es, por el dato incontestable de su origen, un producto de esta nueva realidad. Pero el PRO es el que ha llegado más lejos. Igual que el mexicano Vicente Fox, el chileno Sebastián Piñera o el estadounidense Donald Trump, Macri es un empresario-político dotado de una flexibilidad ajena a los viejos referentes de la derecha ideológica estilo Álvaro Alsogaray, Domingo Cavallo o Ricardo López Murphy, economistas formados en rígidas escuelas de pensamiento, a quienes se podrá acusar de cualquier cosa salvo de carecer de ideas. ¿Alguien se imagina al capitán-ingeniero o al inspirador de Manhattan Ruiz reivindicando alegremente la estatización de Aerolíneas o inaugurando una estatua de Perón junto a ¡Hugo Moyano!? Macri, que se mueve con la plasticidad propia de los hombres de negocios, carece de esos pruritos.

Deliberadamente alejado de cualquier dogma, dispositivo ideológico o corriente política que lo limite, el macrismo es una mezcla acuosa de liberalismo y conservadurismo. Si el primero se verifica en ciertos trazos inconfesados de su programa económico y el estilo moderno y globalizado de sus dirigentes (su máximo líder, por ejemplo, está divorciado), el segundo se comprueba en el catolicismo militante de muchos de sus miembros y en sus posiciones respecto de temas como la inseguridad o el aborto. Su modelo no es la reaccionaria derecha del PP español ni la sobria centroderecha socialcristiana alemana ni el tradicional partido conservador británico, sino la nueva derecha anti-política que vivió su ciclo hegemónico en Italia de la mano de Silvio Berlusconi y que ha comenzado a prosperar en algunos países europeos como España, con el crecimiento de Ciudadanos.

Su origen es siempre una crisis, porque son las situaciones límite las que suelen alumbrar este tipo de cambios profundos: en Italia, la crisis del sistema construido desde la posguerra en torno a la Democracia Cristina disparada por el mani pulite; en España, la crisis económica y el derrumbe del clásico bipartidismo. En Argentina, el colapso del 2001. Como señalamos en otra oportunidad, el macrismo es, igual que el kirchnerismo, una consecuencia de los estallidos de diciembre, que sacudieron la conciencia política no sólo de los sectores populares sino también de las elites económicas y las clases medias, muchos de cuyos integrantes adquirieron, por el simple ejercicio de observar un país en llamas, una nueva sensibilidad respecto de la cosa pública. Por eso, aunque en el macrismo convergen peronistas, radicales y todo el arco superviviente de los viejos partidos conservadores, la gran novedad, su aporte verdaderamente original a la política argentina, es haber logrado atraer, formar y retener a una cantidad importante de militantes provenientes del mundo empresario, el voluntariado católico y, sobre todo, las ONG tecnocráticas surgidas en los 90.

Con la audacia propia de los principiantes, el macrismo ensayó algunas movidas que podían sonar extravagantes para el análisis político tradicional pero que al final se demostraron exitosas: por ejemplo, candidatear en la provincia de Buenos Aires a la vicejefa de Gobierno de… la Capital, una idea a priori tan descabellada como postular a, digamos, el vicegobernador de Salta como candidato a gobernador de Jujuy. Inconcebible en un partido tradicional, la jugada borró todo el saber construido acerca de la supuesta tensión porteño-bonaerense y en el camino reveló la comprensión profunda de algunas mutaciones estructurales de los electorados, dispuestos a votar una cosa para presidente y otra para gobernador, intendente o diputado, apoyar un partido a un mes y otro al siguiente. En suma, confirmó que la ciudadanía, incluso la de la provincia de Buenos Aires, que se suponía encadenada a la voluntad de los punteros peronistas, es un sujeto autónomo y exigente, capaz de ejercer el voto castigo cuando lo cree necesario: lo paradójico es que haya sido el PRO, que se ha cansado de criticar el clientelismo y denunciar aparatos, el beneficiario de este hallazgo.

Como señalamos en el comienzo, la nueva derecha que encarna Macri despliega un discurso que combina convicción democrática y promesas sociales, todo envuelto en esa estética new age de tonos vagamente orientalistas que tanto irrita al kirchnerismo sunnita. Pero más que indignarse conviene preguntarse por qué este discurso resulta verosímil para sectores importantes de la población. Sucede que, contra lo que piensan los semióticos recién recibidos, ni el poder de la prensa hegemónica ni la protección mediática resultan suficientes para que la sociedad crea en las promesas de un determinado candidato.

Una posible explicación, entonces, podría encontrarse en la gestión porteña: Macri no privatizó las escuelas, aunque el presupuesto educativo como porcentaje del presupuesto total se redujo; no convirtió a la Metropolitana en el Ku Klux Klan, aunque sí habilitó represiones injustificadas, lo que por otra parte también ha sucedido con las fuerzas de seguridad nacionales, y no aranceló los hospitales ni prohibió a los bonaerenses, ni a los paraguayos, atenderse en ellos, por más que el manejo del área de salud exhiba todo tipo de déficits. En otras palabras, la promesa de sostener las políticas sociales y el tardío giro estatista de Macri pueden haber resultado convincentes porque su gestión en la Ciudad fue mediocre en muchos aspectos y, tal como reveló el caso Niembro, mucho más opaca de lo que se pretende, pero no fue una gestión neoliberal ni noventista.

Más que ideológico, su límite puede ser geográfico. El PRO, que a partir de diciembre gobernará los dos principales distritos del país, se despliega del centro a la periferia, que como demuestran las experiencias históricas del radicalismo y del peronismo es la forma en la que se construyen los partidos políticos en Argentina. Sus mejores resultados se concentraron en los grandes centros urbanos, el interior y norte de Buenos Aires y el sur de Córdoba y Santa Fe, lo que confirma que el kirchnerismo sufrió, como en el 2009, su histórica confrontación con el campo, un sector al que nunca terminó de entender.

¿Un partido para la zona núcleo? Quizás algo más. Para bien o para mal, y más allá de los vaivenes de los precios internacionales, los mercados de futuro y los seguros contra granizo, vivimos en la era de los commodities, que impone a los candidatos una doble frontera de políticas: por derecha define una economía que depende de la soja para garantizar la gobernabilidad, y por izquierda habilita un amplio sistema de protección social, que en buena medida es su consecuencia. Encorsetado por la soja como problema-solución, ni el más izquierdista de los gobiernos podrá prescindir del glifosato ni el más derechista de los presidentes podrá terminar con la Asignación Universal.

Fue este límite de hierro, que define el perímetro exacto de las posibilidades de nuestra democracia, el que le dio el tono a una campaña de asombrosas coincidencias programáticas: aunque detrás de cada candidato se agrupan fuerzas sociales, coaliciones políticas y superestructuras dirigenciales diferentes, tanto Macri como Scioli prometieron reducir el impuesto a las ganancias, bajar las retenciones, mantener bajo control estatal las empresas públicas y lanzar un plan para construir el mismo número de viviendas (un millón), todo bajo la apelación ambigua a un desarrollismo tan amplio como impreciso.

En este contexto de coincidencias, uno de los pocos puntos claramente identificables de desacuerdo fue la definición acerca del tipo de cambio: el macrismo propuso liberarlo desde el primer momento de su eventual llegada a la Casa Rosada, y ni siquiera cuando decidió reemplazar a los referentes más ortodoxos de su equipo económico desmintió públicamente esta alternativa, mientras que el sciolismo defiende la necesidad de administrarlo y eventualmente corregirlo, pero más gradualmente. El asunto es crucial, porque el precio del dólar es el precio más importante de nuestra economía y porque detrás de él se libra una intensa puja entre diferentes sectores sociales y económicos, en la que el propio establishment se encuentra dividido. Por haberlas vivido, todos conocemos las diferencias entre una devaluación fuerte y una devaluación suave, quizás el primer punto de apoyo sobre el cual podría afirmarse Scioli para empezar a escalar una campaña que está lejos de estar definida pero que se le va a presentar cuesta arriba. 

 

POSICION DE LUIS ZAMORA

Balotaje Argentina 2015: Luis Zamora 

Resumen Latinoamericano/ 02 de Nov de 2015.- eEl referente de Autodeterminación y Libertad,  Luis Zamora , sentó su posición sobre la segunda vuelta electoral con una serie de preguntas: “¿Alguno de los dos aumentará el poder adquisitivo del salario en enero? ¿Reducirá el trabajo en negro? ¿Desconocerá los reclamos de los buitres y de los demás usureros? ¿Pondrá impuestos a la renta financiera? ¿Aumentará los impuestos a las ganancias de los bancos y de las empresas?”.

De esta manera, Zamora fomentó – en línea con sus pares del Frente de Izquierda de los Trabajadores – el voto en blanco para el próximo 22 de noviembre: “Con todas nuestras fuerzas proponemos rechazar a Scioli y Macri, los candidatos que proyectan meternos la mano en el bolsillo, y ya publicitan las designaciones de Berni, Granados, Burzaco, Montenegro para reprimirnos si protestamos”, afirmó.

¿Alguno de los dos aumentará el poder adquisitivo del salario en enero?, preguntó Zamora

Al mismo tiempo, explicó: “Debilitémoslos sacándoles los votos que podamos. Sigamos juntando fuerzas para prepararnos a enfrentarlos en vez de darles fuerza con apoyos y votos. Rechacemos a los dos con el voto en blanco y sigamos construyendo y luchando por una alternativa socialista basada en la autoorganización y la autodirección del pueblo trabajador”.

El MST tomó posición de cara al balotaje: Voto en blanco

El movimiento convocó a “todas las organizaciones políticas” que decidieron votar en blanco a hacer “una gran campaña para hacer sentir su posición”.

El Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) convocó hoy a “todas las organizaciones políticas” que decidieron votar en blanco en el balotaje del 22 de noviembre a “una gran campaña en común” para “hacer sentir una tercera posición”.

A 21 días del balotaje que enfrentará a Daniel Scioli (FpV) y Mauricio Macri (Cambiemos), desde el movimiento propusieron “organizar rápidamente una primera reunión para intercambiar ideas y opiniones al respecto, y de existir acuerdo avanzar en tareas comunes desde ahora y hasta 22 de noviembre”.

“Creemos muy importante que todas las organizaciones políticas y sociales que levantamos la necesidad de votar en blanco podamos coordinar una gran campaña en común para que se sienta, con mucha fuerza, una posición independiente de los candidatos del ajuste”, apuntaron en un comunicado.

Tras la reunión de la dirección nacional del MST-Nueva Izquierda, su secretario general, el diputado Alejandro Bodart hoy afirmó: “Ante el balotaje no hay dos opciones, sino tres. A cientos de miles no nos representan para nada dos candidatos que, estilos aparte, comparten las políticas de fondo. Macri y Scioli coinciden en alentar la megaminería y demás corporaciones, ajustar la salud y la educación públicas, mantener la precarización laboral, negar el derecho al aborto y preparar devaluación y tarifazos.”

Bodart agregó: “Aunque la presión para polarizar es muy fuerte, no es invencible. Así como antes propusimos la unidad electoral de toda la izquierda y el verdadero progresismo, ahora convocamos a todos los que ya se han pronunciado por el voto en blanco a coordinar junto al MST una fuerte campaña nacional por esa tercera opción independiente.” 

El dirigente de Autodeterminación y Libertad se preguntó si Daniel Scioli o Mauricio Macri “aumentarán el poder adquisitivo” o si “reducirán el trabajo en negro”

......

POSICION DE ATILIO BORON 

COMPARTO UNA REFLEXIÓN SOBRE LA ELECCIÓN PRESIDENCIAL DE LA ARGENTINA Y EL BALOTAJE QUE SE VIENE

Argentina: un balotaje crucial para América Latina

(Por Atilio A. Boron) El resultado de las elecciones del pasado domingo no fue un rayo en un día sereno. Un difuso pero penetrante malestar social se había ido instalando en la sociedad al compás de la crisis general del capitalismo, las restricciones económicas que impone a la Argentina el agotamiento del boom de las commodities y la tenaz ofensiva mediática encaminada a desestabilizar al gobierno. Era, por lo tanto, apenas cuestión de tiempo que esta situación se expresara en el terreno electoral. Ya las PASO (elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) celebradas el 9 de Agosto habían sido una voz de alarma, pero no fue escuchada y analizada por el oficialismo con la rigurosidad requerida por las circunstancias. Prevaleció una actitud que para utilizar un término benévolo podríamos calificar como “negacionista”, gracias a la cual la autocrítica y la posibilidad de introducir correctivos estuvieron ausentes, con las consecuencias que hoy estamos lamentando.

Me ceñiré, en este breve análisis, a algunos aspectos más relacionados con la estrategia y la táctica de la lucha política adoptadas por el Frente para la Victoria en los últimos meses. Dejo para otro momento la realización de un balance de la experiencia kirchnerista en su integralidad y con sus múltiples contradicciones: asignación universal por hijo y concentración empresarial; extensión del régimen jubilatorio y regresividad tributaria; desarrollo científico y tecnológico (ARSAT I y II, etcétera) y sojización de la agricultura; orientación latinoamericanista de la política exterior y extranjerización de la economía. Algo he dicho al respecto en el pasado y no viene al caso reiterarlo en esta ocasión. Volveré sobre este tema en un escrito futuro, sin el apremio del momento actual. Tampoco me referiré, por ejemplo, a cuestiones que remiten a un arco temporal que trasciende la actual coyuntura electoral, como por ejemplo la llamativa ineptitud para construir un sujeto político y hacer de “Unidos y Organizados” una verdadera fuerza plural y frentista y no un cascarón vacío cuya única misión fue apoyar, sin ninguna eficacia práctica, las medidas del gobierno. O a la asombrosa incapacidad para preparar, al cabo de doce años de gobierno, un liderazgo de recambio que no fuera Daniel Scioli, un político nacido del riñón del menemismo. O a la suicida actitud, seguida hasta hace unos pocos meses, de descalificar y hasta ridiculizar a quien, al final del camino, era el único candidato con el que contaba el kirchnerismo a la hora de enfrentar la riesgosa sucesión presidencial. Es decir, se vapuleó a una figura, contra la cual no se ahorraron ninguna clase de ofensas y humillaciones, sin percibir, en la alegre ofuscación de los cortesanos del poder, que era la única carta con la que contaban y que poco después deberían vergonzosamente aferrarse a ella, cual clavo ardiente, en una desesperada tentativa por salvar “el proyecto”. Dejo a la imaginación de los lectores la calificación de esta actitud.

Más cercano en el tiempo se cometieron varios errores de estrategia política de incalculables proyecciones: para comenzar, la decisión de no apoyar a Martín Lousteau en el balotaje por la jefatura de gobierno de la ciudad de Buenos Aires en contra de Horacio Rodríguez Larreta, el delfín de quien hoy aparece como el probable verdugo del kirchnerismo. De haberse actuado de esa manera, dejando de lado un absurdo fundamentalismo, el macrismo habría perdido la ciudad de Buenos Aires y se le habría propinado un golpe -si no mortal, al menos demoledor- a la candidatura presidencial de Mauricio Macri. Esta ofuscación del FPV, de la cual participaron desde la Casa Rosada hasta el último militante, fue una bendición para la derecha ya que le permitió nada menos que conservar en su poder a la ciudad de Buenos Aires y salvar el futuro de su principal espada política. Pocos casos de miopía política pueden igualarse a este.

Pero la carrera de errores no se detuvo allí. Con la intención de salvaguardar la pureza ideológica de la fórmula kirchnerista, y ante la desconfianza suscitada por Daniel Scioli y su sinuosa trayectoria política no se tuvo mejor idea que proponer como candidato a vicepresidente a Carlos Zannini. Al optar por el Secretario Legal y Técnico de la Presidencia se configuró una fórmula “kirchnerista pura”, buena para aplacar la ansiedad de los propios pero absolutamente incapaz de captar un solo voto por fuera del universo político del kirchnerismo. Esta decisión pasó olímpicamente por alto todo lo que enseñan los manuales de la sociología electoral, que dicen que para obtener una mayoría hay que presentar una oferta política capaz de atraer la voluntad no sólo de los ya convencidos -el núcleo duro de una fuerza partidaria- sino también de quienes podrían ser atraídos por otras razones: rechazo a las fuerzas anti-kirchneristas, cálculo oportunista o tendencia a “votar a ganador”, entre muchas otras. Pero la fórmula Scioli-Zannini cerraba todas estas puertas, como se comprobó el pasado domingo y se quedaba enclaustrada en el voto kirchnerista, importante para insuficiente para obtener la diferencia que hubiera evitado el temido balotaje.

A lo anterior se agregó otro yerro inexplicable: el empecinamiento en proponer como candidato a la gobernación de la crucial provincia de Buenos Aires, que con casi el 38 % del padrón nacional es la madre de todas las batallas políticas en la Argentina, al Jefe de Gabinete de Ministros de la Presidenta Cristina Fernández, Aníbal Fernández. Este fue víctima de una tenaz e inmoral campaña de desprestigio que lo convirtió en el personaje con mayor imagen negativa de la provincia. Pese a ello se insistió tercamente en una candidatura que solo representaba a los propios y que perdía por completo de vista el complejo panorama electoral de la provincia. El resultado fue una derrota inapelable a manos de una candidata opositora, María Eugenia Vidal, que carecía por completo de experiencia en ese distrito ya que se había desempeñado en los últimos ocho años como Vice Jefa de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, acompañando a Mauricio Macri. Justo es reconocer que en esta derrota existen responsabilidades concurrentes: la mala imagen de Fernández se articuló con la pobre gestión de Scioli en la provincia. Si esta hubiera sido algo mejor Vidal no podría haberse alzado con la gobernación. Por ejemplo, si en lugar de dotar a la provincia con los tan publicitados 85.000 nuevos policías el gobernador saliente hubiera designado una cifra igual de nuevos maestros seguramente otro habría sido el resultado. En todo caso, cuesta entender las razones del tan pernicioso como costoso empecinamiento en sostener una candidatura como la de Fernández en esas circunstancias.

Por último, en este breve racconto, otro error fue la decisión de hacer que Scioli desplegase una campaña en la cual fuera lo más parecido posible a Cristina y cuyo eje central fuese la cerrada defensa de la gestión presidencial, sin ninguna proyección a futuro. Contra quienes proponían como slogan el cambio -de ahí el nombre de la alianza derechista: “Cambiemos”- o quien como Macri demagógicamente exaltaba la “revolución de la alegría”, Scioli aparecía como un político triste y titubeante, a la defensiva, e históricamente maltratado por la presidenta y su entorno, debilitado por las críticas recibidas desde la Casa Rosada, la Cámpora, Carta Abierta y con un libreto que lo condenaba a posicionarse como un acérrimo defensor del “proyecto”, sin la menor posibilidad de aludir a todo lo que faltaba hacer en el mismo, como una reforma tributaria integral, la estatización del comercio exterior y la implementación de una heterodoxa política antiinflacionaria que evitase la licuación de una parte nada desdeñable de la cuantiosa inversión social del gobierno de Cristina Fernández. Los resultados están a la vista.

Habría otras cuestiones por señalar, como el faltazo ante el debate con los otros candidatos presidenciales, que lo disminuyó aún más antes los ojos de la opinión pública y el oportunista anuncio, hecho sobre la hora, de duplicar el piso salarial para el impuesto a las ganancias, algo que el gobierno nacional tendría que haber hecho hace mucho. En todo caso, parecería que ciertos cambios habidos en la estructura social argentina y en el clima cultural imperante en el país, fuertemente semantizados por el terrorismo mediático lanzado por la derecha; cambios producidos precisamente por las políticas de inclusión social del gobierno de CF, no operaron en la dirección de otorgarle mayor sustentabilidad al proyecto sino todo lo contrario, en línea con tendencias ya observadas en países como Brasil, Bolivia, Ecuador y Venezuela y que es incomprensible que hubieran sido pasadas por alto en la Argentina. No necesariamente los sectores populares que mejoran su situación socioeconómica y cultural gracias a la acción de los gobiernos progresistas y de izquierda luego lo recompensan con su voto, y en la Argentina del pasado domingo esto fue muy elocuente. Hace tiempo que hemos venido advirtiendo que, ante la ausencia de una sistemática labor concientizadora y de formación ideológica –la célebre “batalla de ideas” de Fidel- el boom de consumo no crea hegemonía política sino que termina engrosando las filas de los partidos de la derecha.

Dado lo anterior, revertir lo ocurrido en la primera vuelta electoral aparece como una empresa muy difícil aunque no imposible. Habrá que intentarlo, para evitar que la Argentina sea la punta de lanza de un proceso que, ahora sí, podría ser el inicio del “fin de ciclo” progresista en la región, algo que hasta hace unos pocos días parecía poco probable. De hecho, si el candidato del kirchnerismo es derrotado en el balotaje sería la primera vez que un gobierno progresista o de izquierda es vencido en las urnas desde el triunfo inaugural de Hugo Chávez en diciembre de 1998. Hasta ahora, todos esos gobiernos fueron ratificados en las urnas y sería lamentable que la Argentina rompiera con esa positiva tendencia. Tenemos una responsabilidad regional de la cual no podemos sustraernos: una victoria de Macri sería un golpe mortal para la UNASUR, la CELAC y el mismo Mercosur. Además, la Argentina se realinearía incondicionalmente con el imperio y este redoblaría su ofensiva en contra de los gobiernos bolivarianos, cada vez más privados de apoyos externos. Como latinoamericano y marxista no puedo ser indiferente ante la amenaza que representa un eventual gobierno de Macri que se uniría de inmediato a Álvaro Uribe, José M. Aznar y sus mentores norteamericanos en su pertinaz cruzada para erradicar de la faz de la tierra al chavismo, a los gobiernos de Evo y Correa y para propiciar el “cambio de régimen” en Cuba. Es decir, para liquidar definitivamente todo rastro de antiimperialismo en América Latina. Nadie situado genuinamente en la izquierda política podría contemplar distraídamente esta posibilidad ni dejar de hacerse cargo de enfrentarla con todas sus fuerzas. Desgraciadamente, llegados a este punto, no tenemos mejores opciones que la de apoyar al FPV para aventar el riesgo de un mal mayor, sabiendo empero que si lográsemos triunfar en este empeño tendríamos que darnos de inmediato a la tarea de construir una verdadera alternativa política de izquierda porque el kirchnerismo, con sus aciertos, sus errores y sus limitaciones ideológicas, no lo es y no puede serlo.

¿Podrá Scioli doblegar a su contrincante en el balotaje? Dependerá de cómo diseñe su estrategia de campaña para estas semanas. Los dos debates con Macri pueden ser la llave del triunfo, si es capaz de pasar a la ofensiva y demostrar que tras la vaguedad discursiva de su oponente se esconde un brutal programa de ajuste. Pero no le bastará con eso. Tendrá también que dejar de circunscribir su discurso a la defensa de la obra del kirchnerismo (algo para lo cual la presidenta Cristina Fernández no necesita ayuda porque lo hace infinitamente mejor que él), definir nuevas prioridades y salir con propuestas concretas en materia económica, social, cultural e internacional que le permitan persuadir a la opinión pública que podrá ser el presidente que comience a hacer todo aquello que el kirchnerismo, en otros momentos, reconocía que aún restaba por hacer y no hizo. Y que lo diga con convicción, sin pedirle permiso a nadie ni esperar la palmadita afectuosa de la Casa Rosada. Es una tarea difícil pero no imposible. Enfrente suyo no tiene a un De Gaulle o un Churchill sino a un insulso producto de un astuto marketing político, apoyado por el aparato publicitario de la derecha imperial. Difícil, repito, pero lejos de ser imposible. Ojalá que le vaya bien porque, aunque algunos se empeñen en negarlo, en este balotaje también se juega el futuro de los procesos emancipatorios y de las luchas antiimperialistas en América Latina.

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POSICION DE LA LIGA SOCIALISTA REVOLUCIONARIA

Elecciones del 25 de octubre:
ARRASADOR TRIUNFO DE LA BURGUESÍA,  
a caballo de las PASO
Esto es independiente de si hubiera ganado Scioli en primera vuelta. Los tres candidatos, con Scioli incluido, se esforzaron en dejar claro ante el gran capital, que se marcharía rumbo “al ajuste”, aunque lo expresaran con mayor o menor ambigüedad (“vamos a conservar lo bueno, y ajustar lo que haya que mejorar”, decían. Y con toda claridad, los tres afirman al unísono “Vamos a bajar la inflación”... y en la experiencia histórica reciente, hemos constatado que cuando se acabó con la inflación fue cuando se impuso el nefasto 1a1, que dejó en la calle a la mitad de los trabajadores del país, rebajó salarios y jubilaciones y rifó a precio vil todas las riquezas del país.

¿Por qué digo que este triunfo es “a caballo de las PASO”?: porque al “limpiar” el terreno desde las 16 listas presidenciales originales, hasta las 6 actuales, facilitaron que el elector se concentrara en el llamado “voto útil” a alguno de los tres con mayores posibilidades. La existencia de 16 listas, por ejemplo, hubiera provocado una mayor dispersión del voto y ninguna de las fórmulas ganadoras hubieran alcanzado el nivel de legitimidad y respaldo actual.
Recordemos que desde el 2010, la LSR definió que las PASO eran una política de Estado, gobierne quien gobierne. Es decir, era una política de la burguesía para recomponer la institucionalidad y la representatividad perdida en el 2001. Y no era una peculiaridad argentina, como el dulce de leche, sino que era una estrategia a seguir como política del imperialismo para toda América Latina.
Recordemos también que la LSR quedó en soledad en la propuesta de denunciarlas y llamó a no votar, mientras que todo el arco político burgués las aprobó en el Parlamento y fue avalada incluso por el conjunto de la izquierda, que se volcó a participar de lleno en ellas. El ejemplo reciente más bochornoso es que el FIT aceptara dirimir sus candidaturas en el ámbito de las PASO.
Todo esto es precisamente lo que posibilita esto que llamo “arrasador triunfo de la burguesía”. Pese a que se trata de una burguesía descompuesta, decadente, mediocre, inmersa en la crisis económica internacional, que no les deja demasiados márgenes de maniobra para recomponer su tasa de ganancia. Sin embargo:
- Lograron que la mayoría del voto obrero se volcara a dirimir la interna burguesa, entre los “tres grandes”.
- Lograron que votara el 80% del padrón, contra el decrecimiento de hasta el 70% que se había expresado en las últimas elecciones.

Las propuestas del reformismo, como es lógico, no pudieron competir con las fórmulas mayoritarias ya que no fueron capaces de articular el menor programa político que planteara con firmeza una alternativa diferente a la del sistema; entonces, ¿para qué votar a los payasos, si podemos votar a los dueños del circo?
- Ni Margarita Stolbizer logró atraer una mayor cantidad de votos con su discurso de “somos los buenos”, vacío de contenido, aunque le alcanzó para meter a Victoria Donda en el Parlamento Nacional, como diputada por la ciudad de Buenos Aires, donde obtuvieron el doble de los votos que en los demás distritos.
- El FIT, contra todos sus pronósticos de superar el millón de votos, alcanzó alrededor de 790.000, prometiendo ser “el garante de las luchas” (¿y para qué voy a votarlos si me prometen lo que ya sé: que voy a tener que seguir luchando por las mismas cosas?);
- Zamora (AyL), cuya fórmula la LSR apoyó con total convicción, también presentó un discurso lavado ("Que los pueblos manden") y una campaña muy “convencional” que no alcanzó a traducir en votos la enorme simpatía que hay en la población por volver a tenerlo en el Parlamento.

No quiero entrar en las especulaciones en detalle de la interna peronista que, por supuesto EN LOS PRÓXIMOS DÍAS VA A SER A DENTELLADAS para captar el voto de unos y otros para el balotaje.
Sí creo que Aníbal Fernández era un excelente candidato sólo para el interior del kirchnerismo, pero no podía atraer el voto más “independiente”; su sola imagen de “comisario” (decía hoy Claudio) lo hace intragable. De ahí que lo arrasara la semidesconocida María Eugenia Vidal que supo “venderse” muy bien en todas sus apariciones televisivas. Blar aportó su opinión de que detrás de ese triunfo tiene que haber estado la mano de Duhalde ya que, sin ella, es prácticamente imposible ganar la provincia de Buenos Aires. Por su parte, Roberto Molote recordaba que en oportunidad de las inundaciones, mientras Scioli estaba en Italia, ella estaba metida en el barro, recorriendo las barriadas inundadas.
Más allá de esto, daría la impresión que Macri tiene todas las de ganar. Veremos.

Lo que sí me importa señalar es que, en mi opinión, gane quien gane, ESTAMOS PRESENCIANDO EL SEMICIERRE DE LA ETAPA ABIERTA EN EL 2001, de la cual el gobierno de los Kirchner fue un subproducto. Lejos del “Que se Vayan Todos” y del 22 y 23% de Kirchner-Menem en el 2003, ahora la burguesía ha logrado comprometer a toda la población en la disputa por el reparto del poder entre sus distintas alas.
Esto le otorga a la burguesía y sus representantes políticos una fortaleza que no se han ganado en las calles, sino que la lograron mediante el antidemocrático mecanismo de las PASO.
HOY, EXACTAMENTE A CINCO AÑOS DE LA MUERTE DE NÉSTOR KIRCHNER, podemos decir que el próximo gobierno (sea Scioli o Macri) va a volver a reencauzar las cosas (aunque seguro esto no será tan fácil ni tan lineal) hacia el viejo esquema capitalista del ajuste.
LO PEOR ES QUE ESTO LO HARÁN HABIENDO LOGRADO EL AVAL ELECTORAL DE LA ABRUMADORA MAYORÍA DE LA POBLACIÓN.

Esto no significa que la clase obrera vaya a dejar de luchar cuando empiecen a sentirse los efectos de los recortes presupuestarios.
Tampoco significa que se haya cerrado la “crisis de representatividad”, ya que no vemos un “voto enamorado” por ninguno de los candidatos. Por esta razón, tendrán que apelar a todo tipo de acuerdos para poder garantizar la “gobernabilidad”.
Sobre este tema PedroLP recomienda leer el artículo de La Nación que, entre otras cosas, reproduce la opinión del director de un fondo de inversión de Wall Street que dice: "La gente vota contra el delito, contra la corrupción. La gente no está votando a favor del ajuste o de la devaluación del peso. Los temas de gobernabilidad continúan vigentes. Cuando a los votantes les toquen el bolsillo, hay que ver qué pasa" [para ver el artículo completo http://www.lanacion.com.ar/1840074-wall-street-se-entusiasm… ]

LAS LIMITACIONES, LOS DESAFÍOS Y LAS PERSPECTIVAS:
Algo que también demostró la elección del domingo 25 es la ausencia de representación política de ese amplio activismo obrero, indígena y popular que ha venido protagonizando luchas de gran contundencia en particular en los últimos meses. Los casos de Aceiteros, Línea 60 y Cresta Roja son algunos ejemplos.
Pero es evidente que ese activismo que ha sabido protagonizar y organizar con inteligencia y métodos bien democráticos para la lucha aferrados siempre a las bases, no se ha elevado a la construcción de organismos de contrapoder. Ésta es una clave fundamental de las tareas que tenemos planteadas hacia adelante.
Y en el terreno político, la izquierda tradicional no ha hecho más que demostrar, por la negativa, la necesidad de un frente opuesto al que ellos conciben.
Si queremos ofrecer una perspectiva política al movimiento obrero, hace falta un FRENTE SOCIALISTA REVOLUCIONARIO, organizado en comités de bases de la militancia de los partidos que lo integren junto a la militancia independiente; con dirigentes que lleven a ellos la discusión de los principales problemas, de cara a las bases y no encerrados entre cuatro paredes ni mucho menos dirimiendo sus diferencias en las urnas impuestas por la burguesía.
Estas tareas son un patrimonio político de la LSR desde su fundación. Y hoy, más que nunca, no es sólo una perspectiva en la debemos seguir trabajando, sino que debemos darle un redoblado impulso para estos nuevos vientos que tenemos por delante, plagados de contradicciones.

Con saludos fraternales,
LR (27-10-2015)

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