Sáb 12 May 2012 06:44

LA LITERATURA Y LA GUERRILLA MAOISTA EN EL PERU

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camino de ayrabamba

UNA SELECCION DE ESCRITOS DE ALGUNOS BLOGS y de regalo el libro de CAMINO DE AYRABAMBA

LA VOZ DE LOS VENCIDOS

La llamada Literatura de la Violencia –eufemismo para referirse a la narrativa que trata nuestra guerra interna- no es algo reciente ni mucho menos, como por ahí lo dijo  quien se consideraba su precursor . Muchos ponen como primer hito el célebre cuento de Julio Ortega Adiós Ayacucho (1986) y otros van más atrás señalando el legendario libro de relatos Los ilegítimos (1980) de Hildebrando Pérez Huarancca (sobretodo por el protagonismo que tuvo el entonces escritor en nuestro conflicto). Luego, han aparecido una sucesión de narradores -¿casi un centenar? ¿más?- que han construido lo que es ya todo un subgénero consolidado en la literatura peruana contemporánea.

Sin embargo, el grueso de quienes han escrito sobre nuestra guerra han sido, por lo general, espectadores externos al tema (lo que no invalida el texto, faltaría más) y muy pocas veces –a diferencia de la literatura que han producido otras revoluciones o conflictos armados similares en el mundo- los directamente involucrados en la contienda han expresado su testimonio por escrito.

Por eso, saludamos la aparición de Camino de Ayrabamba y otros relatos (Canta Editores, Lima 2008), libro de cuentos escrito por el grupo literario Nueva Crónica, formado por los condenados por delitos de terrorismo del penal de Castro Castro. El libro ya contó con dos masivas presentaciones en Lima, la última llevada a cabo en el Centro Cultural de España y que contó con una mesa de lujo a cargo de Oswaldo Reynoso, Rocío Silva Santisteban y Julio Heredia (y donde un servidor colaboró con algunas palabras de preámbulo).

Una primera observación es el hecho que mucho de los cuentos han sido escrito “a dos manos”, por no hablar de otros que, probablemente, han recibido sugerencias y aclaraciones por parte de diversos compañeros de prisión. La mayor parte de los cuentos –para bien o para mal- tienen la impronta de formar parte de una creación colectiva.

Son cuentos agresivos, que hablan de la guerra abiertamente y usando el lenguaje interno de los militantes. Destaca el cuento que da título al libro y que nos habla de los primeros ataques guerrilleros en Ayacucho al comenzar la década de los ochenta. Lo que parece resultar una rutinaria descripción de las acciones militares, luego termina con un sorprendente final. En ese rubro de historias está también “Cañada roja” que narra la vida cotidiana de un Comité Popular Abierto (territorio gobernado directamente por la guerrilla, conocido coloquialmente como “zonas liberadas”) pero desde el punto de vista de la viuda del gamonal que anteriormente regía el distrito con mano de hierro. Así también, tenemos una historia (“Zapadores por necesidad”) que nos informa de una práctica militar muy poco conocida en nuestra guerra: La siembra de minas que las Fuerzas Armadas realizaban en torno a las torres de alta tensión, y la respuesta de los subversivos creando sus propios destacamentos para desenterrarlas.

Pero no todo el libro se compone de este tipo de relatos. Tenemos también "Cantarina", un hermoso cuento en clave infantil que nos habla del desarrollo de Sendero en las ciudades (la imagen de los volantes partidarios vistos como mariposas de papel es más que notable). "Imborrable presencia" nos cuenta una historia al principio lastimera (los deudos en busca de la tumba de un familiar desaparecido en el tornado de nuestra guerra) y que termina como una canción coral, pues cada miembro del pueblo aporta sus anecdotarios y recuerdos para que, entre todos, reconstruyan emotivamente la imagen del hijo asesinado bajo ese sino inevitable donde siempre se van los mejores. No puedo dejar de citar el relato "Reencuentro" (mi cuento favorito), donde el testimonio de un guerrillero preso, condenado arbitrariamente y confinado durante casi veinte años en los presidios del Estado; finalmente es liberado y va en busca de su padre sumido en un juego de espejos, donde se evidencia que el sufrimiento termina siendo igual en ambos lados de las rejas. Algo normal en un país donde la vida, en aquellos años, no valía nada.

Camino de Ayrabamba tiene el mismo impacto que el celebrado libro del historiador Nathan Wachtel  Los Vencidos : El hecho histórico recreado por los protagonistas que perdieron en el conflicto. En aquel caso, el punto de vista de los indios frente a la conquista española, en éste el de los militantes maoístas en nuestra guerra interna.

Sí, ya veo las críticas y las pedradas a este post. Antes del linchamiento déjenme decirles esto: Tenemos que hablar todos, tenemos que escucharnos a todos. Tenemos que entendernos todos. La reconciliación basada en dejar que los miembros de un lado se pudran en la cárcel será siempre incompleta. La memoria histórica que no recoja las perspectivas de aquellos otros, aún no estará culminada. Y a riesgo de cursi, repito la famosa exhortación final de Manuel Azaña, aquel republicano anticlerical y progresista que luego terminó asustado y contrito frente a las tremendas dimensiones que tomó la Guerra Civil española:

“Pero es obligación moral, sobre todo de los que padecen la guerra, cuando se acabe como nosotros queremos que se acabe, sacar de la lección y de la musa del escarmiento el mayor bien posible, y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que se acordarán, si alguna vez sienten que les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio (…) vuelve a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción; que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres, que han caído embravecidos en la batalla luchando magnánimamente por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: Paz, Piedad y Perdón.”

 

ACTUALIZACIÓN: Una aproximación interesante -y nada prejuiciosa- sobre las relaciones entre nuestra literatura y la guerra interna está en este trabajo de Víctor Quiroz. El tercer número deIntermezzo tropical tiene textos muy sugerentes sobre los años de la violencia y, como si fuera poco, imaginen qué tema ha abordado el último número de Ajos & Zafiros, de inminente aparición...

 

MAOISMO EN LA LITERATURA

maoísmo en la literatura. Para bien o para mal, el maoísmo ha tenido en el Perú una impronta intelectual y estética que, creo, no ha tenido en otra parte de América Latina. La gran vaina es preguntarse por qué aquí el maoísmo tuvo unas dimensiones que no hubo en otra parte de la región -más allá de las modas intelectuales, que todos hemos visto "La chinoise" de Jean-Luc Godart (1967)- y cómo llegó a sus cotas más palmarias, sangre incluida.

A ver, yo sigo creyendo que la génesis de la creación literaria de maestros como Gutiérrez o Reynoso es muy personal, se basa –como en cualquier escritor- en la interpretación estética de sus propias vivencias y en la evocación imaginativa que ellos hacen desde la experiencia (real, cultural, literaria) y que han construido en sus años de aprendizaje y creación. Pero, como marxista que soy (no tiren demasiadas piedras, porfa) también creo en procesos económicos, sociales y culturales que atraviesan nuestra personalidad y nuestra creación.

En ese sentido rescato las preguntas del "anónimo" (¡joder, me da unas ganas de nombrarlo!) de forma categórica: “¿Es posible borrar de la historia literaria peruana la cercanía que tuvieron muchos intelectuales en los años 70 con la doctrina maoísta?" “¿tiene o no, concretamente, el maoísmo importancia en la elaboración de algunos conceptos literarios en el Perú?”

Puñales, claro que sí. Y ahora, como dije, me he aleonado y voy a escribir un post sobre el maoísmo y la literatura en el Perú. Por el debate, hasta morir. Solo digo dos cosas:

-El atractivo del maoísmo no solo estaba en su moda cultural (un paisaje más bonito que el gris panorama soviético) sino en que, curiosamente, el maoísmo pedía una democracia demasiado extremista a los ojos occidentales (¿o más bacán a ojos andinos?). Estallido de propuestas ciudadanas (la campaña de las Cien Flores), hacer de la comunidad la célula básica de la dinámica económica (el Gran Salto Adelante) o aplicar, vía revuelta juvenil, un comunismo radical y rabioso en los hechos (Revolución cultural). Todo con un montonón de muertos de por medio. En los sesenta y setenta eso pegaba, no porque los intelectuales se hubieran vuelto psicópatas, sino porque veían en esas miles de chaquetas mao desfilando, un futuro. Y un futuro que funcionaba.

-A ver si nos despercudimos de los prejuicios sobre Abimael Guzmán, a quien el discurso hegemónico lo pone como un profesor mediocre que hizo negocio subiéndose al carro de la violencia política. Muchos otros lo recuerdan como un referente intelectual en la universidad de Huamanga, sobre todo si dictaba un curso entonces tan estratégico (y hoy tan olvidado) como el de filosofía. Yo tuve la suerte de leer su tesis de filosofía sobre la noción kantiana del espacio (lleno de fórmulas matemáticas y diagramas geométricos). No será un González Prada pero tampoco un César Nakasaki. El sorprendente panegírico de Miguel Gutiérrez en “La generación del cincuenta” no es ni obligado ni gratuito.

FUENTE> http://lapizymartillo.blogspot.com.ar/2008/02/la-voz-de-los-vencidos.html

GUZTAVO FAVERON Y LA IGNORANCIA DE LA LITERATURA DE LA GUERRA.

algunos post de RODOLFO YBARRA

El crítico académico Gustavo Faverón, haciendo gala de una inteligentzia equina dice (quizás mirándose en el espejo) que este bloger es un “ignorante”. A no ser que este concepto no esté claro (revisemos qué dice la RAE), es muy posible que los delirios de este profesor auxiliar (con rasgos esquizoides) estén socabando su precaria lucidez parchada con información libresca sesgada, al menos para un lector acucioso. Por ejemplo (y sólo voy a dar una muestra porque en realidad no vale la pena): “Toda La Sangre”. Antología de cuentos peruanos sobre la violencia política, donde “nuestro” profesor funge de editor y donde para él la literatura de la violencia se circunscribe a: Fernando Ampuero, Jorge Eduardo Benavides, Dante Castro, Óscar Colchado, Alonso Cueto, Pilar Dughi, Nilo Espinoza, Sergio Galarza, Miguel Gutiérrez, Rodolfo Hinostroza, Luis Nieto Degregori, Julio Ortega, Jaime Pantigozo, Hildebrando Pérez Huarancca, Oswaldo Reynoso, Enrique Rosas Paravicino, Carlos Thorne, Carlos Eduardo Zavaleta y Zein Zorrilla, etc.
Cómo se puede hacer un ensayo sobre la violencia interna y la literatura y no incluir (ignorar) a decenas de autores, quizás más importantes de lo que llaman “canon”. En un comentario remitido a “Puente Aéreo” le apunté algunos nombres para que no esté dando manotazos o lambisqueos sobre los Roncagliolos, los Alarcones, los Cuetos, etc. cito otra vez, a ver si de una vez toma cartas en el asunto y deja de ser IGNORANTE (lea, investigue y luego hable porque en sus ensayos, críticas y post, nunca aparecen los siguientes nombres):
Fernando Cueto ("Llora Corazón", "Lancha Varada"), Martín Roldán ("Generación Cochebomba"), Julio Durán ("Incendiar La Ciudad"), Rafael Inocente (“La Ciudad de Los Culpables”) o libros de la guerra que hablan de la otra orilla a través de decenas de narradores (en su mayoría presos) como "Desde la Persistencia" o "Camino a Ayrabamba" (quizás tengas que actualizarte o te has quedado con “La Violencia del Tiempo” de Gutiérrez o “Los Ilegítimos” de Hildebrando Pérez Huarancca o en La venganza del Cóndor de Ventura García Calderón, los Cuentos andinos de L. Albújar, Yawuar fiesta de J. M. Arguedas, Los ermitaños de Antonio Gálvez Ronceros, Los gallinazos sin plumas de Ribeyro, La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa, etc.)

Como última reflexión (y ya que me ha caído la banderilla de la “ignorancia”) me parece importante anotar: qué idiomas domina este profesor auxiliar (sabrá algo de latín, sanscrito, griego o copto); qué instrumentos musicales toca (sabrá diferenciar lo que es música atonal de música tonal. Tocará saxofón, clavicordio o le arrancará algunas notas a la guitarra o bajo. Francamente no lo creo); qué ciencias fácticas (factuales) o no fácticas habrá investigado en su vida diaria (sabrá algo de neurorobótica, o lo estaré insultando al citar esta ciencia)
Dicen que la ignorancia es atrevida (y de vez en cuando muerde como un perro), pero eso a mí me importa un comino (al perro que muerde se le da una estocada en el hocico). Me habían dicho que usted es terco y dado a la jodienda culturosa y virtual (envío de anónimos y despersonalización esquizofrénica acusado por su antípoda Marco Sifuentes); y por eso se había creado un antiblog con respecto a su “Puente Aéreo” (que al parecer para lo único que sirve es para auxiliarlo a usted mismo), sus razones tendrán, pero creo que es demasiado (y por eso no me he sumado a ninguna campaña contra su persona); si usted a las justas balbucea insultos que se le caen de la boca como una sanguaza (una baba ridícula que al único que ofende es a usted mismo) y solo escatima a prenderse como una garrapata sobre su eventual víctima (que por estos días –lastimosamente- es el profesor Huamán). 
No sé si usted, Gustavo Faverón Patriu, se ha dado cuenta de que se comporta no como un profesor correcto, "un académico de Maine", sino como un alumno aniñado, un niñato pequeñoburgués cuyas pataletas se justifican porque sus patrocinadores le pagan los estudios (entiéndalo como quiera).

Bueno, amigos lectores, es hora de ponerle las orejas al burro. Cosa más fácil cuando se escuchan los rebuznos y roznidos.

.........

El crítico académico Gustavo Faverón en vez de afrontar su ignorancia supina con la que ha construido su antología “Toda la Sangre” (2006) trata de disculparse diciendo que, por ejemplo, “Desde La Persistencia” fue publicado el 2005 y “recién” distribuida a “tropezones” el 2006; después dice que “Incendiar La Ciudad”, novela de Julio Durán, recién fue publicada en el 2006, cuando en realidad la primera edición consta del año 2002 !!!!! Pero no, Gustavo Faverón no se ha dado cuenta de lo que he querido decir. Sólo apunté algunos nombres para que redirigiera su mirada y se diera cuenta que “sus” antologados (muchos de los cuales merecen mis respetos) constituyen un porcentaje mínimo (nada serio) si queremos hacer un muestreo de lo que ocurrió en este País (podría hacer un par preguntas que pueden sonar exageradas para algunos, pero siempre necesarias: ¿A quienes representan estos señores? ¿Acaso sus novelas y cuentos reproducen lo que verdaderamente pasó aquí? ¿no serán simples alucinaciones de gente que estuvo encerrada en sus casas o padeciendo el síndrome de Meniere en alguna buhardilla en el extranjero?, o es que simplemente hay que tomarlos –como dijo bien otro crítico- como pura ficción; por eso el Alaf, personaje terrorista peruano con nombre árabe ¿¿?? de Daniel Alarcón puede ser “bien” visto y hasta aceptado por los elementos catecúmenos de una seudocrítica peruana con movimientos de gusanera). Y es que la visión de Faverón sólo capta –como el olor de los guisantes o la espuma de una chicha fermentada- lo que está a la luz, lo que producen las editoriales conocidas o malamente afamadas (una pregunta salta como un resorte aquí: ¿Por qué tres novelas de calidad que toman el tema de la guerra interna son editadas, lo que equivale a sus propios pecunios, por los propios autores; y me estoy refiriendo a "Incendiar La Ciudad", "Generación Cochebomba" y "La Ciudad de Los Culpables". Seguro que esta pregunta no te la has hecho ni en sueños). Considero que el papel del crítico no solo está en tomar en cuenta lo que le ponen ante los ojos (como si sufriera esclerosis múltiple), sino investigar, indagar, buscar, rebuscar, bajar a los sótanos donde hierve el logos escriptum, o simplemente levantar las alcantarillas literarias (vamos Gustavo, cuál es el temor); ahí es donde el crítico encuentra su verdadera condición y se esencializa como tal, libre de las argollas editoriales y de los nepotismos vergonzantes (sí pues, es sabido que el mejor vehículo de una novela es el mismo escritor quien va a dirigir su difusión a donde lo vea conveniente; por eso el crítico tiene que estar encima de esto y bajar al llano). Quizás a la verdadera literatura no le interesa el “gran” público; pero es al crítico al que le debe interesar la gran literatura y el gran público (aunque descreo de esto último), y el encargado de hacer que estos dos universos eulerianos se conozcan. Esa es parte de la labor del crítico (y no me vengas con esas tonterías de que tienes que ser “clarividente”, “adivino” o “futurólogo”; esas son sólo disculpas, quizás no ante tu ignorancia, pero sí ante tu flojera y desdén por estos temas que dicen interesarte). Acaso, así no fue como apareció “La Ciudad de Los Culpables”, libro que leí en su primera versión hace varios años cuando se titulaba “La Ciudad Enferma” (y circulaba en fotocopias en el centro de Lima, una de las cuales leyó asombrado Miguel Gutiérrez) y que me facilitó Diego García Hildebrandt (de seguro ese nombre te suena conocido) cuando yo no conocía a Rafael Inocente no obstante tener a un amigo en común. Y es que los libros están ahí, Gustavo, solo tienes que agacharte (o levantar la mano) para recogerlos (o cogerlos como frutos maduros). Pero, como te digo arriba, sólo anoté unos nombres (quizás tomados al vuelo, por eso te escudas en las fechas de edición; pero ni siquiera “Cochebomba” (conozco a Martín Roldán desde mediados de los noventas), si analizamos bien, te serviría para establecer una correcta disculpa. No para mí, sino para las decenas de escritores ninguneados y sepultados por escritorzuelos y criticuelos ansiosos de fama y prebendas), de seguro hay muchísimos más, y me estoy acordando de muchos cuentos de Carlos Rengifo (narrador de polendas desde inicios de los noventas) que hablan de mutilaciones y del horror de algunos soldados que sufrieron amputaciones o tienen traumas de guerra irreparables (leer “Criaturas de la Sombra” y el “Rumor de la Tormenta”,); quizás Arturo Delgado Galimberti cuya novela “Los Espejos del Infierno” de fines de los noventas, hablan de construir una comuna para enfrentar (o eludir, según se mire el texto) al sistema decadente. Alejandro Medina (Apu Runco) que escribe en quechua y castellano, de seguro muchos de sus cuentos debieron aparecer en “tu” antología.
Quizás en las cárceles haya (y los hay, puedo dar fe de ello) muchos narradores por reivindicar, y no me estoy refiriendo a los panfletarios o a los herederos de Jovaldo, Edith Lagos o Zavala Cataño. Ellos cuentan una versión que, de seguro, no quieres escuchar o leer (deja que tus oídos se "acostumbren" al grito de los desposeídos, de los marginados y explotados por el sistema), pero –como dicen- así es la literatura, y si te tomas en serio el trabajo de crítico tendrás que aceptar la calidad artística (no se te está pidiendo que aceptes sus posiciones ideológicas)de los “nuevos” narradores e incluirlos en próximas antologías, caso contrario tu labor seguirá siendo la visión sesgada, el vuelo de un ave (o un murciélago) que solo cuenta con un ala y que indefectiblemente caerá en movimiento de tirabuzón ante la realidad que siempre, como vemos, termina por imponerse.
En cuanto al tema de la "ignorancia" seguiremos hablando en los comments (no te preocupes, borraré los insultos para que no te veas sepultado en el limo que tú mismo has creado).

fuente: http://rodolfoybarra.blogspot.com.ar/2008/09/quin-es-el-ignorante-indicaciones-para.html

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