Sáb 06 Dic 2014 17:31

CRISIS ECONÓMICA, CAPITALISMO Y MEDIO AMBIENTE

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capitalismo y medio ambiente

por: Lic. Froilán Marín Poma

Comunicador Social - UMSA

El ascenso del sistema capitalista a nivel mundial ha catapultado la economía de los países, elevando sus índices de ingresos económicos con creces, este apogeo ha animado y está animando a muchos de los países a ingresar en la vorágine capitalista con premura y celeridad.

El ansia de encarar la fatídica crisis económica espanta a los países, pues esto trae consigo secuelas políticas y sociales cruentas que podrían incluso destronar a los endebles gobiernos y sumir en la miseria, el desempleo y el hambre a sus habitantes.

En esta coyuntura adversa es cuando aparecen los gurús y/o prestidigitadores  del capitalismo, que haciendo uso de cualquier embeleco, obtienen la aquiescencia inmediata de los países para instaurar este sistema; con la franquicia obtenida el capital financiero e industrial transnacional trasvasa las fronteras espetando y conculcando la soberanía, asentándose cual si fueran enclaves en estos países.

La inyección de capital fresco tiene efectos inmediatos en estos países, pues trastoca su estatismo y su crisis económica, relanzándola a superávits financieros; la inversión que se suscita recae más que todo en la compra de empresas nacionales estratégicas (por ejemplo: telecomunicaciones, empresas petroleras y gasíferas, etc.) y permisos para explotar extensas zonas donde existen afluentes naturales de riqueza como: petróleo, gas, minerales, madera y otros tantos recursos naturales que son vitales para alimentar la famélica industria foránea (casas matrices de los capitales financieros e industriales transnacionales), además de satisfacer la estrafalaria vida o estilo de vida que poseen sus habitantes (sociedades de consumismo exacerbado).

Sin embargo, si bien el sistema capitalista cambia el talante económico de los países también genera o tal vez degenera su porvenir, pues tras cortinas de acero se esconden sus terríficas secuelas, como la alarmante contaminación ambiental que producen, las enfermedades endémicas por la ingesta de agua con alto grado de sustancias nocivas y cancerígenas vertidas en los ríos, lagos y acuíferos subterráneos, el irrespirable y deletéreo humo que escapa de las fumarolas de las grandes fábricas e industrias, la esterilización y desertización de inconmensurables tierras por efecto de la depredación de los bosques y selvas, la sequía de las poblaciones aledañas, la muerte de una fauna y una flora silvestre riquísima y valiosa, el intempestivo cambio climático colmado de lluvias torrenciales, las sequías, las tormentas de nieve, los huracanes, las estaciones con excesivo calor, etc.

Estas nefastas e infaustas secuelas subrepticias si bien no son muy visibles en los contextos donde uno reside es por la carencia o la exigua información que se tiene en torno a ellas y por la poca importancia que se les brinda. Empero, a pesar de esta vicisitud el daño medioambiental prosigue y si los países aún están empeñados en arrimarse y abrazar al sistema capitalista, habrá que decirles que si bien su economía mejorará, los altos costos que sobrevendrán en un futuro mediato o inmediato superarán sus pseudoganancias que no abastecerán para devolver el esplendor que produce el vivir en un ambiente sano y libre de contaminaciones.

La economía es importante en los países eso es cierto y nadie puede negarlo, pues es la base para que el Estado y su sociedad pervivan en el tiempo, satisfaciendo sus intermitentes y/o continuas necesidades; no obstante, se hace imprescindible pensar en otras soluciones que no atenten contra el medio ambiente, la industria sin chimeneas podría ser una de ellas (es decir, el ecoturismo), el aprovechamiento medido y cauto de los recursos naturales también aportaría en mucho al cuidado de un entorno natural que hoy en día se ha tornado frágil y endeble.      

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