Dom 01 Sep 2013 18:46

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diez años de la CVR

A Fiorella Pérez Huayllasco

por  Javier Garvich

El informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (en adelante, CVR) tiene muchísimas contradicciones. Y no solamente las formales, que cuestionan el número de víctimas de la guerra (todo parece indicar que murieron muchos más y los desaparecidos son bastante más de los declarados oficialmente). La CVR tiene un discurso que ahora se ve agotado, incompleto, jodido.

Porque la CVR, en sus inicios, fue una enorme movilización en el que miles de universitarios y promotores populares, forjados en las luchas contra la dictadura fujimorista, marcharon a los Andes a despertar la verdad, a darle voz a los discriminados y vencidos, a rescatar a las víctimas, a reescribir la historia. Buena parte de ellos ahora, diez años después, se sienten que han sido estafados, que todas las ganas de acumular testimonios y denunciar los crímenes terminaron en un informe temeroso, que hablaba con la boca chiquita y que, finalmente, acabó escribiendo una narración muy convencional de nuestra guerra interna.

¿Cuál es el discurso de la CVR?: Que Sendero empezó la guerra, que se la declaró virtualmente a todo el país, que esa agrupación política cometió tremendas atrocidades y fue la mayor responsable del conflicto armado interno (ah, y que mató mucho más que cualquiera). Que desgraciadamente el Estado peruano cometió algunos excesos. Que buena parte de los quechuablantes fueron carne de cañón. Al final, el campesinado, descontento de los crímenes de la guerrilla maoísta, se alía con un Estado mucho más responsable y asertivo. Y entre los dos, liquidan a Sendero para siempre. Happy End.

Ese discurso, asumido formalmente por el Estado, ni siquiera es aceptado por buena parte de las élites empresariales y militares, que aún ven en el fujimorismo el gran redentor del desarrollo, de la paz social y de la actual bonanza económica. Pero es que apenas ha calado en la sociedad civil ,que no respalda ni cobija (como debiera ser) el informe de marras de la CVR. A diferencia de Chile o Argentina, el informe final de la CVR ha terminado con poco respaldo popular, sin alguna influencia en las instituciones del Estado,con un preocupante hiato entre la gente corriente ¿por qué?

Creo que uno de los principales problemas del informe está en esa visión maniquea que tuvo que manejarse por problemas de gobernabilidad (no causar complicaciones a la nueva administración postfujimorista) y posibilismo (había que negociar para no ser fulminadas por las Fuerzas Armadas y lo peor de la derecha peruana). La CVR no quiso cargar mucho las tintas a las Fuerzas Armadas, trató de sociologizar el conflicto (a diferencias de los informes de la memoria de Chile o Argentina que se remitieron solamente a describir las acciones contra las víctimas, vinieran de donde vinieran) y señalar con el dedo acusador a la guerrilla maoísta como la gran culpable de todo. Como gesto vergonzante, enviaron al entonces presidente Alejandro Toledo una carta lacrada donde sugerían los responsables de las atrocidades del Estado. Evidentemente, ninguno de esos señalados en secreto por la CVR ha sido acusado de algo. Es más, ni los sabemos (a estas alturas, Salomón Lerner podría ya denunciarlos, digo).

Los malos porque son muy malos perdieron el conflicto y se pudrirán en la cárcel. Los buenos, pese que a veces se les pasó la mano,ganaron y eso contribuyó a que el Perú sea ahora un país bastante mejor que el que sufría en los terribles años ochenta. La CVR se esforzó bastante en señalar a Sendero y a Abimael como los malos malos, el mad doctor que solamente produjo sangre y destrucción. En fin, un triste capítulo protagonizado por los profetas del odio que felizmente fueron derrotados y estigmatizados para siempre.

Ese discurso, tan cómodo al microuniverso de las ONGs y al miniolimpo de la Academia, se ha quedado solitario y desgastado.La gran mayoría de las recomendaciones de la CVR apenas se han cumplido. El resto del país tiene que escuchar el sonsonete ejemplarizador que resuena una y otra vez por los medios de comunicación. Las víctimas de la guerra no han recibido casi ninguna compensación. La corrupción está peor que antes. Seguimos con uno de los peores poderes judiciales de América Latina. En las zonas más castigadas por la guerra, apenas se han mejorado sus indicadores. La democracia no ha impedido que tengamos por Congreso un hatajo de analfabetos e inmorales. Las Fuerzas Armadas no tienen ninguna intención de abrir sus archivos para esclarecer los años del conflicto. Es cierto que la mayoría de peruanos han mejorado sus ingresos, tienen DNI y celular. También es cierto que los índices de tuberculosis o embarazo adolescente apenas han variado en los últimos veinte años y que la desigualdad entre peruanos es aún sonrojante. La CVR, en su informe, pretendía que alcanzásemos cauces para ser más asertivos, más democráticos y abiertos en nuestra praxis política. Diez años después, rodeados de políticos venales y funcionarios corrompidos, todo parece ir a peor.

Ahora que estamos de aniversario la pregunta es ¿Vale la pena seguir defendiendo el discurso de la CVR? ¿No habría que admitir que el discurso de la CVR ha envejecido?

La CVR, pese a sus limitaciones y presiones que pudieron envilecerla, fue un buen comienzo. Por lo menos, se abordaba públicamente el más triste capítulo de nuestra historia republicana. Y lo hizo cuando casi todos los peruanos recitaban el catecismo cívico fujimorista. Porque casi no había una narración alternativa.

Sin embargo, diez años después, la literatura enriquece el conocimiento de nuestro conflicto armado interno. Ese camino existede Fernando Cueto, te enseña las entrañas del terrorismo de Estado, el interior del tristemente célebre estadio de Huanta, la política oficial de torturar, matar y desaparecer peruanos. De tirarlos desde helicópteros, de coleccionar orejas de las víctimas, de la ceremonia de violar a las detenidas.

Sócrates Zuzunaga en La noche y sus aullidos, nos habla de la guerra vivida desde dentro, desde un pueblo cualquiera de Ayacucho. Algo importante es que él nos cuenta cómo así un adolescente campesino terminaba yéndose con la guerrilla. Y no uno, varios. Esos chicos que empezaron jugando a senderistas y policías en el patio del colegio y terminaron agitando la bandera roja, emboscando militares, aniquilando ronderos, ejecutando camaradas por robar una lata de atún o azotando civiles por borrachos o infieles ¿Cómo llegaron a eso? ¿Qué pasó para que una comunidad se enfrentara a otra a machetazos? ¿Cómo así 69,000 peruanos -o más de 100,000 peruanos según otras fuentes- ya no están entre nosotros?

Diego Trelles Paz nos cuenta en Bioy la ambivalencia de un militar que fue un torturador salvaje en nuestra guerra interna pero se comporta como un héroe -contra natura, eso sí- a la caza de un sanguinario narcotraficante. ¿Quiénes son los culpables? ¿Qué tan culpables eran el periodista mentiroso, el juez cobarde, el coronel corrupto, el político oportunista, el funcionario traidor, el intelectual con miedo, el viceministro indiferente? ¿Qué dice el informe de la CVR sobre ellos?

El testimonio de Lurgio Gavilán, quien fue guerrillero, soldado del Ejército, cura y antropólogo; nos evidencia de peruanos imposibles de catalogar y encasillar en el alegre juego de buenos y malos.Como él, muchos buscaron sus propios caminos de escapar del infierno de la guerra, la tortura y la matanza, se largaron de su localidad, incluso se fueron al extranjero, han intentado reconstruir su vida hecha jirones, reconstruirse sobre su juventud perdida; buscan un espacio, casi un rincón, para que sigan viviendo en un país que todavía adoran y al que quieren servir. Nada parecido a las políticas de arrepentimiento del fujimorismo y donde la CVR no ha dicho ni mu.

Las causas son bastante más complejas. Las consecuencias, peores aún. El discurso de buenos y malos ya no nos sirve. Esa narrativa de ver la guerra como el enfrentamiento de dos ejércitos errantes que se aprovechan de una población civil pasiva y mansa ya no convence a nadie.

Nuestra literatura está dando razones válidas para renovar el discurso de la CVR, para despercudirla de los intereses creados por algunas ONG y, sobretodo, para cambiar el monótono retintín de los medios de comunicación, la penosa infraética de nuestro periodismo. La CVR fue un punto de partida, ahora toca a nosotros seguir recorriendo el peligroso y airado camino de llegar a la verdad.

Fiorella Pérez, trabajaste para la CVR y ahora piensas que fue casi una pérdida de tiempo. No lo fue. Nadie pierde el tiempo sirviendo a los demás y abocándose a nobles causas. Las frustraciones y derrotas son parte de una larga lucha por darle la verdad a nuestro pueblo.Porque la verdad nos hará libres. Los límites del discurso de la CVR no la condenan, solo son los caminos para que nosotros, ahora, sigamos adelante.

Fuerza, optimismo, solidaridad. Son los poderosos los que tienen miedo de lo que hacemos. Efectivamente, que sigan teniendo miedo.

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