Dom 07 Oct 2012 02:44

EL DEPORTE MODERNO COMO FENÓMENO DE REPRODUCCIÓN SOCIAL, ECONÓMICA E IDEOLÓGICA.

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AUTOR: Mgs. VÍCTOR DÍAZ HERRERA

 

El deporte moderno ha incorporado, de manera más o menos intencional, funciones de socialización y de reproducción de la ideología dominante, primero en las propias élites sociales y luego en las clases trabajadoras. En sus orígenes el deporte moderno fue concebido como una práctica distintiva y exclusiva, de carácter recreativo y dotada de un contexto ético de conducta adecuado al paradigma moral y a las necesidades ideológicas y socio-políticas de las clases dominantes. Así, por ejemplo, a partir de la reglamentación -Cada vez más minuciosa- con que se fue dotando a cada modalidad deportiva, el énfasis que se da en cuestiones morales tales como la importancia de respetar las reglas de juego y las decisiones de los jueces, la obligación de aceptar con cierta distancia emocional el éxito o la derrota.
En sus inicios el deporte moderno no estaba al alcance de todas las clases sociales, si no que se constituyó como una actividad moldeada para satisfacer las necesidades de entretenimiento y mejora físico-psíquica de las clases dominantes. Es posteriormente, cuando el deporte comienza a extenderse y a profesionalizarse nutriéndose de los sectores sociales medios y empobrecidos de la sociedad. A lo largo del desarrollo industrial; es cuando las clases más poderosas económica y socialmente trataron de establecer un espacio restringido de práctica deportiva de alto nivel en la forma de deporte amateur y también abandonaron las modalidades deportivas abrazadas por los trabajadores, refugiándose en otras: golf, polo, tenis, hípica, etc. Cuyos requerimientos para el ejercicio de las mismas fueron prácticamente insuperables para los miembros de las clases trabajadoras que permitieron conservar y reproducir los códigos de conducta y estilos de vida propios de su clase.
Uno de los aspectos donde se puede apreciar con mayor claridad la forma en que el deporte ha actuado y actúa como instrumento de reproducción ideológica es la relación entre la mujer y el deporte. Aun cuando la mujer participa ahora más activamente en la vida deportiva, puede afirmarse, rotundamente, que el deporte moderno surgió, se organizó, se desarrolló y se difundió como una práctica exclusivamente masculina, la exaltación de la "virilidad", la "hombría", el "coraje" y el "carácter", como elementos propios de la práctica deportiva, también puede decirse que el deporte ha sido y es, en palabras de Hargreaves "una fuente importante de discriminación sexual y el deportista es el foco simbólico del poder masculino". En términos generales puede decirse que la histórica existencia de esta segregación de la mujer en el deporte se ha basado en el discurso tradicional sobre el papel social de la mujer orientado al matrimonio y a la maternidad, así como los valores, actitudes y modos de conducta propios del sexo femenino. Sin embargo son las propias mujeres las que han contribuido al mantenimiento y reproducción de la ideología dominante. La incorporación de la mujer en la práctica deportiva tuvo lugar inicialmente en las modalidades apropiadas a su "especial naturaleza biológica y psicológica": patinaje, tenis, esquí, etc. Para posteriormente irse ampliando con otras, llegando a crearse estilos exclusivamente femeninos: gimnasia rítmica, natación sincronizada y otras. Aunque en la actualidad la participación deportiva femenina se extiende a disciplinas muy distintas, aún cumple funciones de segregación y reproducción ideológica.
El desarrollo y difusión del deporte se encuentra muy vinculado al proceso de industrialización que tuvo lugar en Europa y en los EE.UU. A partir de la segunda mitad del siglo XVIII y a todo lo que él implicó: Urbanización, transporte, medios de comunicación, etc. Así en el ámbito privado, los clubes comienzan a organizar sistemas de competiciones y campeonatos de diversa duración, de ámbito local, regional, nacional e internacional; compiten entre sí para la obtención y acumulación de sus objetivos deportivos, el éxito, la victoria, el record, la clasificación...
Equiparables a los objetivos comerciales y para la "adquisición" de los mejores deportistas y técnicos en el mercado deportivo.
El deporte concebido como una práctica de clase, su crecimiento y popularización en el seno de la sociedad capitalista tuvo lugar incorporando valores y actitudes de dicha sociedad, lo que fue uno de los aspectos determinantes en la orientación profesional del deporte. Desde el mundo empresarial y laboral se fueron imponiendo ideológicamente valores tales como la productividad, audacia, competitividad, dedicación absoluta; esto ligado a la competición, se comenzó a valorar aspectos como la eficacia, agresividad, sacrificio, disciplina, rendimiento, trabajo de equipo, espíritu de entrega, etc.
En coherencia con las nuevas formas de entender las relaciones socio-económicas; el deporte como concepto y práctica, se desarrolla, organiza y funciona de manera análoga a la sociedad capitalista, contribuyendo a que los individuos que forman parte de la vida deportiva asuman sus principios y valores. Los pilares del deporte moderno se van construyendo durante el proceso de industrialización en torno a factores como la competición sistemática (competencia mercantil), como valor de progreso, la selección y clasificación (jerarquía y promoción social), como forma de situar a cada individuo en el lugar que le corresponde; la cuantificación de los resultados (objetivación de la ganancia), como forma objetiva de valorar el trabajo y de compararlo, el rendimiento (maquinismo industrial), como principio de valoración del progreso y de la inversión realizada; y la especialización, como forma de obtener más y mejores resultados (ganancias).
Conforme se va desarrollando y organizando el aparato deportivo en estructuras cada vez más complejas, el deportista se va convirtiendo en el anexo de una superestructura cuya finalidad es la reproducción social. La burocracia deportiva no solo ha ido controlando el proceso y las condiciones de adscripción y de movilidad entre los distintos clubes sino que ha ido sometiendo al deportista a conductas restrictivas de diverso tipo. En relación al equipo técnico, el deportista deberá someterse a la autoridad del entrenador, aceptando sus decisiones de manera disciplinada, frecuentemente con el convencimiento de que tal actitud es lo mejor para él y su equipo o club; igualmente debe aceptar sin chistar las decisiones del arbitro, aunque éstas sean injustas, de lo contrario será sancionado y reprimido. La propia actividad termina siendo realizada de manera rutinaria y mecanizada; el deportista se ha ido configurando en una persona que no se pertenece a sí misma, cuya actividad deja de ser libre y espontánea; dejando que la mayor parte de las decisiones sobre su vida profesional sean tomadas por otros.
Podría decirse que el comienzo y crecimiento del deporte, como espectáculo de masas, tuvo lugar a partir de los juegos olímpicos de 1908 en Londres, donde se llevó a cabo por primera vez. En agosto de este año, también se celebraron las olimpiadas en Londres, con un gran despliegue de publicidad y recursos. La mercantilización de la figura del deportista y del espectáculo deportivo, con fines comerciales, publicitarios y propagandísticos, tal como se entiende actualmente, con todo lo que ello implica desde la perspectiva de "consumir deporte" y el desarrollo de las técnicas publicitarias, es un fenómeno que comienza a darse, sobre todo, a partir de la segunda mitad del siglo XX.

Finalmente habría que hablar del fútbol, considerado el deporte más bello, masivo y popular; efectivamente el fútbol a devenido en el deporte de masas, que genera muchas emociones y pasiones.

El fútbol es un eficaz medio de socialización, a través de él nos hacen olvidar nuestros problemas económicos, laborales y familiares. Cada vez que se puede nos bombardean con fútbol: Mundiales, Copa América, Copa Libertadores de América, Sudamericana, etc. Ocultando en las representaciones colectivas nuestras diferencias sociales y de clase. Este deporte, el más popular de todos, se ha convertido en un vil negocio, al extremo que tal o cual jugador, cuyo único mérito es poseer habilidades con la pelota, es vendido como mercancía por cantidades exorbitantes de euros o dólares, sobre todo a clubes millonarios de Europa: Barcelona, Real Madrid, Inter de Milán, Manchester United y otros; claro que ellos ganan sueldos extraordinarios mientras 2/3 de la población mundial viven en una pobreza y miseria alarmantes.

En este mundo aciago del fútbol, que se ha erigido como una entidad trasnacional, o mejor como supranacional donde los gobiernos o estados no pueden intervenir bajo la amenaza que sus clubes o selecciones sean sancionados con no participar en torneos nacionales e internacionales; en esta situación se generan y reproducen grandes negocios, actos de pillaje y corrupción, al igual que las mafias es todo una cadena que va desde jugadores, entrenadores, asociaciones, federaciones; el periodismo deportivo; llegando hasta la FIFA, la manda más del fútbol mundial, sin olvidar los derechos de televisión por la trasmisión de los partidos.

Después de todo el objetivo y meta del fútbol es el "Gol" que se celebra con un éxtasis casi orgásmico, con una euforia desbordante, mientras tanto los capos del fútbol se reparten fabulosas ganancias y el que sufre o celebra es el hincha, que muchas veces paga su entrada postergando sus necesidades básicas.

Resulta que en esta maraña futbolística el periodismo deportivo en general y el boliviano en particular, en su mayoría, desempeña un papel poco digno, ético y profesional. Hasta reflejan su mentalidad colonial cuando magnifican o adulan a tal o cual club o selección, por ejemplo en Sudamérica: Brasil o Argentina generando en la hinchada desaliento y desazón. Pero cuando ciertos clubes o selecciones vienen a jugar a Bolivia pretenden entusiasmar al público para que vayan a llenar los estadios y alienten a su club o selección; exaltando los ánimos, después se pretende justificar el resultado, más aún si éste es adverso, luego el hincha o aficionado al día siguiente está deprimido y vuelve a su triste realidad, con todos los problemas que tiene consigo.

El periodista deportivo está muy lejos de ser ecuánime, pues actúa más como hincha que como profesional. El fútbol como forma de alienación se constituye en un agente que reproduce socialmente el modelo económico y social.

Por lo tanto no está al margen de la vida económica, social, política y espiritual. No es cierto que esté desvinculado de lo económico, político e ideológico, como pretenden hacernos creer.

Mgs. Víctor Díaz Herrera.
• Docente titular de la Facultad de Ciencias Sociales-UMSA

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