Jue 01 Nov 2012 20:00

LA LITERATURA COMO INSTRUMENTO DE DENUNCIA SOCIAL

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 -Ponencia presentada al IX Congreso Nacional Lingüístico Literario “Pedro Luis González Pastor” II Internacional “Mario Vargas Llosa”-

Octubre 22 al 26 de 2012, UNSA, Arequipa - Perú

 la Gran Revolucion Cultural Proletaria

Alex Alberto Chamán Portugal*

 

INTRODUCCIÓN

 

La literatura, desde su aparición, se ha distinguido por un sinnúmero de pasos, tanto certeros como falsos; en muchas ocasiones ha respondido a la objetividad y en la mayor de las veces a la subjetividad social, esto la ha conducido a ciertos problemas en su legitimidad, pero que en definitiva ha viabilizado su desarrollo. Referidas sendas, con idas y venidas, no sólo caracterizan a la historia de la literatura sino también forma parte del ingente capital que hace a la cultura y al arte.

 

La literatura de denuncia social expresa una escritura consciente en tanto aborda problemas tangibles de la sociedad y como tal las acusa. Este tipo de literatura logró germinarse, impulsarse, desarrollarse y consolidarse especialmente durante el siglo XX y en el actual siglo XXI prosigue desenvolviéndose. Esta literatura suele estar en permanente amenaza y sus gestores viven al acecho de las fuerzas represoras. Se tiene, entonces, una literatura comprometida con el progreso de la historia, por tanto es una escritura militante.

 

La marcha histórica de la comunicación social, así como la literatura ha seguido un derrotero ligado íntimamente a la estructura económica de la sociedad y sus marcadas influencias en la superestructura jurídica, ideológica y política. En esa lógica la literatura ha respondido a determinados intereses lo que demuestra que no ha sido ni es neutra menos apolítica sino que obedece a determinados intereses económicos y políticos de una u otra clase social. En esa dirección ha surgido y se ha desarrollado la literatura de denuncia social que precisamente responde, principalmente, a los intereses de los mayoritarios sectores de explotados y oprimidos.

 

El tercer milenio deja de manifiesto que la literatura, en una sociedad dividida en clases sociales con intereses cada vez más contrapuestos, inevitablemente presenta un carácter de clase en tanto refleja lo que se desenvuelve no sólo en la estructura económica de la sociedad sino también en su superestructura jurídica, ideológica -con sus correspondientes formas de conciencia social- y política. Esta aseveración resulta fácilmente perceptible al analizar críticamente el papel que desempeña la literatura y lo que tras la misma subyace en términos principalmente ideológicos y políticos.

 

A lo largo de la historia de la humanidad la literatura ha sido utilizada por las diferentes clases y grupos sociales. Nos referimos a la sociedad esclavista, feudal, la actual capitalista y, por supuesto, que también durante la construcción del socialismo en buena parte del siglo XX.

 

La marcha de la sociedad humana, en sus diversos escenarios, ha puesto de manifiesto la estrecha relación entre ideología y literatura, así como entre política y literatura. La política, entendida como la síntesis de la economía y el accionar humano condiciona el pensar y obrar de toda persona, la misma que en tanto ser social -moldeado por su entorno social- no puede sustraerse a la misma. Así la literatura, la poesía, el cuento, el ensayo y otras manifestaciones serán transversalizadas por la ideología y la política, sea cual sea esta. Lógicamente que la literatura, dialécticamente, ejercerá influencia en la ideología y política a través de la opinión de su autor o autores.

 

La literatura no sólo se ha manifestado como compromiso estrictamente literario sino que ha ido más allá cuando se constituyó en literatura ideológica, cultural, política y de denuncia social como es nuestro caso.

 

LA IMPORTANCIA DEL PENSAMIENTO CRÍTICO

 

En la actual sociedad capitalista-imperialista el denominado “pensamiento único” que representa no sólo a las naciones imperialistas sino también a los grupos de poder económico y político, también procuran hegemonizar el conocimiento y con ello el pensamiento por lo que no admiten el disenso que precisamente representan a los sectores mayoritarios de la sociedad humana. Esta situación deja en claro que mientras más pregonan la “democracia”, “pluralidad”, “inclusión”, “inserción”, etc., hacen todo lo contrario imponiendo su ideología con sus correspondientes manifestaciones de conciencia, así como su línea política. Para quienes dominan y someten su verdad es la única existente y valedera por lo que deben anular y aplastar todas aquellas que sean alternativas. El "pensamiento único" trabajado por el orden económico y social vigente  a través de sus ideólogos como Karl Popper, Francis Fukuyama, Alvin Tofler y otros,  concibe que el  poder capitalista-imperialista debe imponer sus mecanismos y normas para anular y paralizar el accionar de quienes son objeto de explotación y opresión, en suma dominación. Asimismo existen políticos y literatos que sumisa e indignamente se ponen al servicio no sólo del stablisment sino también del pensamiento único que hoy por hoy deviene en una afrenta al progreso de la ciencia y a la democratización de las ideas y libertad de opinión. Un elocuente ejemplo de literatos a su servicio lo constituye precisamente el escritor peruano, Sr. Mario Vargas Llosa, premio nobel de Literatura.

 

Asimismo y como contraparte a lo anterior surge, se desarrolla y se consolida el pensamiento crítico que lógicamente se reflejará, en el mayor de los casos, no sólo en discurso sino principalmente en acción práctica. Por supuesto que el pensamiento crítico será asumido por las masas populares y sus dirigentes políticos e intelectuales. Este pensamiento crítico que se elevó a contestatario y posteriormente a revolucionario está presente a lo largo de la historia, siendo sus más altos exponentes Carlos Marx, Federico Engels, Lenin, Stalin, Mao Tse-tung y otros insignes personajes. La ciencia, la literatura y el arte también sirvieron a este horizonte por lo que podemos destacar a Albert Einsten, Charles Chaplin, Máximo Gorky, Bertold Brecht, entre otros, en el escenario mundial; y José Carlos Mariátegui, César Vallejo y José María Arguedas, entre otros, en el escenario nacional peruano. Asimismo debemos precisar que el pensamiento y acción crítica al constituirse en alternativa al hegemónico se caracteriza por responder a los intereses y derechos de los sectores mayoritarios, por ende presenta un fuerte componente humanista y colectivista que se orienta a la emancipación, consagración y dignificación de la humanidad.

 

Al respecto los mencionados fundadores del comunismo científico plantearon que la alienación espiritual y la enajenación material son circunstancias en que el ser humano va perdiendo su esencia humana, ya que es víctima de adormecimiento y manipulación, así como de la cosificación de su ser. A decir de Marx y Engels es la condición a que son reducidas las clases sociales explotadas y oprimidas. ¿Qué significa la alienación y enajenación en términos concretos? Un individuo alienado está anulado por su propia actividad, se divorcia de la realidad siendo su pensar, decir y actuar ajeno a sus condiciones materiales se existencia, es decir es convertido en otra cosa distinta a la que él es; la alienación refleja en el espíritu la opresión y expresa la presencia de una escisión en su mismo ser. En tanto la enajenación es consecuencia de la producción y explotación capitalista, ya que por su dinámica el trabajador es convertido en cosa, objeto, mercancía utilizado como un instrumento más del proceso de producción. ¿Qué implica lo afirmado? Que la propiedad privada sobre los medios de producción y los capitalistas, en tanto propietarios de los mismos, convierten “los medios y materiales de producción en fines en sí mismos a los que subordina al mismo hombre”. En consecuencia, la propiedad privada termina alienando al ser humano porque “no lo trata como fin en sí mismo, sino como mero medio o instrumento para la producción”.   

 

La importancia del pensamiento crítico estriba en que también se constituye en fuente para el surgimiento y desenvolvimiento de la literatura de denuncia social, la que atraviesa los espacios y tiempos de la literatura y, consecuentemente, actúa como disparador de la conciencia y reflexión crítica(1).

 

LA LITERATURA COMO INSTRUMENTO IDEOLÓGICO Y POLÍTICO

           

Referirse a la literatura es aludir a las obras literarias plasmadas en textos escritos cuyo rol central es la comunicación pero creativamente con efectos estéticos, pero la literatura no sólo se reduce a eso sino va más allá, puesto que trasciende lo estrictamente literario y destella ideología, cultura, política, etc.

 

En nuestras sociedades las clases sociales dominantes asumen y ejecutan la dirección ideológica-cultural mediante los saberes e instituciones creadas para tales fines. La literatura no escapa a tal cuestión pues se encuentra inmersa en ella. Esas clases diseñan e irradian las manifestaciones ideológicas y los conocimientos que responden a sus intereses. A ese respecto, Lois Althusser en “Los aparatos ideológicos del Estado”, deja muy en claro que el objetivo ideológico supremo de las clases dominantes radica en transmitir saberes en pro de justificar y reproducir las estructuras y relaciones de dominación a través de valores y comportamientos. Asimismo la ideología produce y reproduce prácticas condicionadas por la actividad productiva y sus respectivas implicancias orientadas al mantenimiento del statu quo y su reproducción.

 

¿Cómo se expresa la supremacía de una clase social? Suele manifestarse desde el Estado(2) como “dominio” y “dirección intelectual” considerando los escenarios económico, jurídico, ideológico-cultural, político y militar. Las luchas populares y revolucionarias se encaminan a demoler esa situación de dominación. He ahí el papel gravitante de las masas populares y sus más destacados dirigentes. Siendo la literatura una expresión del campo de las ideas, no escapa de esta aseveración althusseriana.

 

¿Qué refiere a ese respecto José Carlos Mariátegui? Mariátegui no sólo se ha caracterizado por ser un excelso ideólogo y político sino también un descollante escritor latinoamericano. Precisamente cuando se refiere a la literatura sostiene: … “esto no quiere decir que considere el fenómeno literario o artísticos desde puntos de vista extra-estéticos, sino que mi concepción estética se unimisma, en la intimidad de mi conciencia, con mis concepciones morales, políticas y religiosas, y que, sin dejar de ser concepción estrictamente estética, no puede operar independiente o diversamente”(3). Él no se sustrae de la realidad multifacética sino mas bien la asume y deja en claro la relación dialéctica entre literatura, estética, ideología o conciencia, política y religión, por lo que existe una interrelación entre ellas.

 

¿Cuál la trascendencia del escritor? Respecto a este tópico Mariátegui afirma: “El artista perdura realmente, en el espíritu de una literatura, o por su obra o por su descendencia. De otro modo, perdura sólo en sus bibliotecas y en su cronología. Y entonces puede tener mucho interés para la especulación de eruditos y bibliógrafos; pero no tienen casi ningún interés para una interpretación del sentido profundo de una literatura”(4). Aquí plantea el papel trascendente o no del artista, escritor o literato en la medida que asume o no su papel en la historia y la sociedad de la cual forma parte.

 

¿Qué relevantes eventos se suscitaron en el siglo XX y cómo se relacionaron con la literatura de denuncia social? Importantes acontecimientos sociopolíticos de agudización de la lucha de clases, como los experimentados durante las décadas del cincuenta y sesenta del siglo pasado, marcaron época no solo en lo ideológico, político, militar, sino también en arte y literatura. Precisamente, en ese periodo la cultura y literatura, en el caso de América Latina, se caracterizó no sólo por ser revolucionaria y militante sino también de denuncia social. Por ejemplo, la autora Claudia Gilman, en su texto: Entre la pluma y el fusil, subtitulado “Debates y dilemas del escritor revolucionario en América Latina”, plantea la necesidad de que la literatura responda a las necesidades políticas de aquel momento histórico. Para Gilman resulta evidente la necesidad de servir al proceso revolucionario y que todos los instrumentos tenían que ser utilizados para ese propósito, por lo que la literatura también debería contribuir a esos objetivos. Asimismo, resultaba imperioso efectuar sistemáticas y contundentes denuncias sociales acerca de las feroces políticas represivas encaminadas por los gobiernos de turno y los aparatos represivos de aquel entonces contra revolucionarios, luchadores sociales, literatos y artistas. El aludido libro se respalda en una prolija y rigurosa documentación que se constituyó en una elocuente manifestación de la relación existente entre ideología, política y literatura de denuncia social. En realidad referida coyuntura no sólo generaba apropiada condiciones para tales cometidos sino que además exigía la irrupción de una literatura con tales características, en realidad fue una necesidad a ser resuelta.

 

¿Por qué una literatura de denuncia social? Porque la violación sistemática y cada vez más atroz a los derechos de los pueblos y humanos, por parte del Estado a través de los gobiernos de turno y sus instituciones represivas (Fuerzas Armadas, Fuerzas Policiales y Poder Judicial), se hacía insostenible y la literatura también tenía que servir a denunciar las tropelías de las fuerzas reaccionarias y retrogradas que multiplicaban sangrientos golpes de Estado, arbitrarias detenciones, torturas psicológicas y físicas, desapariciones, asesinatos extrajudiciales, genocidios, etc. En suma la literatura también viabilizó la denuncia social contra el terrorismo de Estado en sus diversas manifestaciones.

 

En el caso del Perú merece destacarse que en 1967 el Sr. Mario Vargas Llosa, al recibir el premio Rómulo Gallegos por su exitosa obra “La casa verde”, emitió un discurso titulado “La literatura es fuego” en el que se atrevió a aseverar: “La literatura es una forma de insurrección permanente y ella no admite las camisas de fuerza. Todas las tentativas destinadas a doblegar su naturaleza airada, díscola, fracasarán. La literatura puede morir pero no será nunca conformista”. Aquí se deja en claro como el Sr. Vargas Llosa no sólo hacía de la literatura un instrumento de batalla ideológica y política sino también de denuncia social contra un sistema de explotación y opresión. Por supuesto que las convicciones ideopolíticas de referido escritor, en aquel momento, se enmarcaban en posiciones de izquierda. En la actualidad, octubre de 2012, queda clara su conversión ideológica y política, pues quien a fines de los sesenta enarboló y defendió la literatura como una forma de insurrección permanente en el marco de sus compromisos progresistas y revolucionarios hoy por hoy asume posturas reaccionarias convirtiéndose en un férreo defensor del decadente sistema capitalista-imperialista y su fracasada manifestación neoliberal.

 

Los acontecimientos sociales y políticos dejaron pusieron de manifiesto que la literatura se constituyó en un escenario flexible en tanto fue penetrada, influida y modificada por intereses, convicciones o ideales de diversa índole. El caso peruano ha sido unos de los más expresivos de lo afirmado, ahí se tiene a formidables escritores, ideólogos y políticos como José Carlos Mariátegui, César Vallejo y José María Arguedas como los más influyentes e insignes representantes de los sectores populares.

 

Lo anterior manifiesta que en una sociedad escindida en clases sociales por la existencia de la propiedad privada sobre los medios de producción, todas las manifestaciones ideológicas, como la literatura, necesaria e inevitablemente van a contener implícita o explícitamente determinada orientación ideopolítica. Esto quiere decir que también la literatura refleja una posición respecto al sistema dominante y sus implicancias o su crítica al mismo y plantear su respectiva alternativa. Así como la literatura suele estar al servicio de las causas reaccionarias también suele estar al servicio de causas revolucionarias. Es en esta última en la que se asocia con la denuncia social en tanto manifiesta las injusticias y desigualdades de todo tipo, especialmente por parte de quienes explotan económica y oprimen políticamente.

 

La economía y sus relaciones sociales, el orden jurídico y sus normas, la ideología y sus disimiles expresiones de conciencia, la política como ejercicio y lucha por el poder se constituye en argumento suficiente que suelen emplearse al momento de construir literatura de denuncia social.

 

En consecuencia, se cataloga también al literato como ideólogo y apologista del capitalismo e imperialismo o ideólogo y apologista del socialismo y su perspectiva comunista. Tanto uno como el otro puede poner en acción su grandeza como escritor en función de los horizontes con que simpatiza o asume. En esa dirección podríamos hablar de un capitalismo o socialismo literario, siendo asi la mayor parte de la literatura ha trascendido de lo privado a lo público, pues los grandes acontecimientos son los que irradian su marcada influencia. Eso demuestra que tanto en uno como en otro sistema es posible realizar literatura de denuncia social en tanto subsisten condiciones y situaciones que la hacen posible.

 

La mayor parte de la literatura burguesa se ha caracterizado por reproducir las premisas de las clases sociales dominantes por lo que  en todo momento se han esforzado –aún lo hacen- por negar y distorsionar la historia de las masas populares, particularmente de la clase obrera en tanto la clase social más revolucionaria históricamente, su línea ideológica y política, su organización partidaria y gremial, así como a sus héroes y mártires.

 

¿Qué costos genera la literatura socialista y de denuncia social en el capitalismo? En general este tipo de literatura, que se opone a los intereses y a la lógica dominante, va acarrear una serie de riesgos, puesto que muchos que la asumieron y aún lo hacen firme, consecuente y honestamente son objeto de campañas de desprestigio, descalificación de su capacidad intelectual y literaria, postergación y alejamiento de ofertas laborales, etc.  En realidad los grupos de poder junto al Estado, sus instituciones públicas y privadas se valdrán de todos los artificios para que la literatura de denuncia social sea minimizada sino silenciada completamente. Esto resulta más efectivo si vemos actuar a las nada democráticas fuerzas del mercado como la oferta y la demanda.

 

La literatura, particularmente la de denuncia social, suele contener claras perspectivas progresistas en tanto va de la mano con el progreso de la ciencia, consiguientemente con la sociedad. Las ideas, convicciones, sentimientos, valores  y compromisos pensados en la literatura han sabido concretar horizontes que en el seno del sistema capitalista-imperialista reemplazaron la transmisión de la ideología y discurso de las clases dominantes situando su pensar y obrar en función de otra alternativa superior.

 

La escritura literaria que se oriente a la denuncia social está en permanente edificación y será toda una “creación heroica” por sus artífices, pues se caracteriza por ser conspiradora y como tal expuesta a todo tipo de riesgos. Queda claro que esa literatura no es un recetario por lo que su construcción y reconstrucción se enmarcará en situaciones concretas que al ser objetivas también serán dialécticas. Esa obra literaria será, en suma, consciente, rebelde y digna, por tanto opuesta a la literatura obsecuente, indigna e indigente que además de falsear la realidad y su marcha histórica determina que el “género gramatical sea sólo un instrumento de economía lingüística y no articule el silenciamiento o el desdén” (5). Tanto la conciencia, como la justicia, la rebeldía y dignidad pertenecen a lo más sagrado de la historia en tanto representaron contradicciones la ha permitido desarrollarse de un modo de producción a otro. Esto explica porque no corresponde conciliar estratégicamente con la injusticia, la desigualdad, la sumisión y el servilismo que representan el lado oscuro de la historia de la humanidad.

 

CONCLUSIONES

 

La literatura como instrumento de denuncia social ha sido y aún se constituye en una realidad que refleja situaciones concretas y toma posición por determinados intereses y objetivos ideopolíticos de una u otra clase social. Siendo así este tipo de literatura se convierte en un instrumento de combate al servicio de las clases sociales dominadas, ya que denuncia los problemas sociales –como las diversas injusticias- valiéndose de la narrativa, de esta manera procura aportar a la construcción de una sociedad alternativa.

 

En consecuencia, esta literatura brinda una reflexión y análisis crítico de su contexto histórico y plantea un conjunto de acciones que van más allá de la simple escritura, pues plantea la unidad entre teoría y práctica.

 

La literatura de denuncia social suele ir de la mano no sólo con la comunicación alternativa y popular sino también con otras expresiones artísticas como la poesía, el teatro, la música, la pintura, etc. 

 

La historia de la humanidad, desde que la sociedad se dividiera en clases por la aparición y desarrollo de la propiedad privada sobre los medios de producción, se constituye en la historia de la lucha de clases que a su vez deviene en el cordón umbilical que permite no sólo conocer científicamente la sociedad y las contradicciones que encierra y se agudizan, sino, esencialmente, para instituirse en parte activa del problema y transformarla en pro del progreso y bienestar de la humanidad entera. La literatura como manifestación de la superestructura ideológica, ineluctablemente forma parte de esa historia.

 

En cuanto a prehistoria y su diferencia con la historia podemos afirmar que ésta “comienza con la invención de la escritura, y es desde esa época que la escritura y por ende la literatura comienza a influir drásticamente en la vida social de toda la humanidad, no es poco decir, que es gracias a la literatura que podemos conocer todo aquello que ha pasado hace siglos atrás. Sin embargo, al leer un libro, o cualquier otro tipo de texto, no solo nos encontramos con fragmentos de la historia, sino que también con un sinnúmero de posturas de los autores en torno a temas contingentes, entre ellos la política”(6). En cualquier sociedad con presencia de distintas clases sociales, inexorablemente, los literatos asumirán una determinada posición ideopolítica.

 

* El prof. Alex A. Chamán Portugal es docente en Pre y Postgrado en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) – Bolivia, en la Universidad Pública de El Alto (UPEA) y en Postgrado de la C.C.U. También es Editor Colegiado en Perspectiva Internacional (Revista Democrática Internacional).

 

BIBLIOGRAFÍA

(1) Documento de Internet

Gopegui , Belén. ( Diciembre, 2005). Literatura y política bajo el capitalismo. Guaraguao. Número 21. Madrid. Recuperado el 02 de septiembre de 2012 en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=26876

(2) Documento de Internet

Libro: Florencio Sánchez y el anarquismo. Una radiografía ideológica del emblemático dramaturgo. La denuncia social como fermento temático de la producción literaria.

Recuperado el 02 de septiembre de 2012 en: http://www.lr21.com.uy/cultura/442633-la-denuncia-social-como-fermento-tematico-de-la-produccion-literaria .

(3) Mariátegui, José. (1943). 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana. Lima, Perú: Editorial Minerva.

(4) Ibid.

(5) El Estado es la organización política de la clase social dominante, surgió como consecuencia de la propiedad privada en función de mantener el orden vigente y conjurar -mediante sus instituciones coercitivas- la rebeldía a las clases sociales dominadas. El Estado tiene carácter de clase en la medida que sirve a una u otra.

(6) Documento de Internet

Ortiz, Nubia. (Agosto, 2006). Influencia de la política en la literatura latinoamericana . Recuperado el 02 de septiembre de 2012 en: http://www.ucm.es/info/especulo/numero15/manuela.html

 

 

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